2019, Segundo Semestre, vol. 54, n° 2, ISSNe 2314-1549 / ISSN 0556-5960
Instituto de Historia Americana y Argentina. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Cuyo.

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DOSSIERS TEMÁTICOS

 

PRESENTACIÓN: LAS DERECHAS LIBERAL-CONSERVADORAS EN LA ARGENTINA Y URUGUAY EN TIEMPOS DE GUERRA FRÍA

PRESENTATION: LIBERAL-CONSERVATIVE RIGHTS IN ARGENTINA AND URUGUAY IN COLD WAR TIMES

 

Martín Vicente

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. CONICET-UNCPBA/REIDER. Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires. Tandil, Provincia de Buenos Aires, Argentina. vicentemartin28@gmail.com


 

Durante las décadas en que la guerra fría dividió el mapamundi entre zonas de influencia estadounidense y soviética, América Latina fue un punto de especial conflictividad. Si bien una dinámica propiamente característica del conflicto frío distinguió cómo se expresaron las peculiaridades regionales en un fresco trazado por inestabilidad gubernamental, conspiraciones cívico-militares, polémicas entre (y al interior de) las izquierdas y las derechas o búsquedas de desarrollo integral frustradas una y otra vez, las imágenes arquetípicas de la guerra fría por momentos se superpusieron con planos más amplios y por otros presentaron auténticos mapas autoconclusivos. Caleidoscopio que puede girarse de país a país, sobre los Estados y las sociedades, de modo macro y micro, el desarrollo de la etapa tal como ha comenzado a reverse recientemente permite complejizar las visiones más duras que dominaron los estudios precursores, sin perder el sentido estructural que aportaron1.

En efecto, en los últimos años nuevos trabajos han avanzado sobre varios rasgos que permiten componer un rostro más rico y detallado de la guerra fría en tierras sudamericanas. Dentro de esos aportes, nos interesa destacar una faceta: la que pondera las pautas culturales del conflicto2. Dentro de esa perspectiva, que presta especial atención a los debates intelectuales, las formas de circulación de las ideologías o los contenidos de las industrias culturales sin apelar a una centralidad de ideas propias de etapas anteriores en este tipo de estudios, como la propaganda. Previamente a este giro, en efecto, nociones lábiles como guerra psicológica, entre otras, buscaban caracterizar las facetas blandas de lo que se entendía como una guerra no convencional. Lo mismo podría decirse de las ideas en torno al imperio informal de los Estados Unidos3.

El análisis de los problemas de índole político-cultural no necesariamente desplazó el eje de aquellos estudios que analizaron las facetas duras del conflicto, como las relaciones entre Estados, la geopolítica diplomática o militar, las prácticas de agencias securitistas o de servicios secretos, los procesos de asistencia financiera o articulación económica, sino que propuso otro foco que permite ampliar el mapa sobre el cual se enfocan las preguntas en torno a un objeto múltiple y complejo. Si bien el análisis de la tendencia liberal-conservadora ha sido marcada para las primeras décadas del siglo XX argentino, sobre un mapa más general es interesante destacar la reciente propuesta de Fabio Kolar y Ulrich Mücke en torno a la convergencia de liberalismo y conservadurismo sobre el telón de la guerra fría, como analizó George Nash en su trabajo sobre las transformaciones de la derecha en los Estados Unidos4.

Entre nosotros, la atención central se ha colocado sobre las visiones y prácticas ligadas a la influencia occidental, del bloque estadounidense, por encima del oriental, si bien una serie de textos son de interés para comprender las relaciones con el universo soviético, aunque no son las que atañen a los trabajos que componen este dossier, pero donde la faceta político-cultural es componente central5.

Si en su momento Gilbert Joseph señaló que la introducción de una mirada de este tipo ofrecía un punto de vista que ampliaba el panorama6, la producción de los últimos años (si bien aún dispersa y desigual) nos ofrece un conjunto de nociones que es de interés subrayar. En primer lugar, como va de suyo, las pautas con las cuales se explicó la guerra fría en América Latina pueden ser complementadas, complejizadas o cuestionadas con las ideas y preguntas centrales que se desprenden de los nuevos aportes. En segundo término, la importancia de la guerra fría y la especificidad de los procesos que se enmarcan en ella no obsta comprender que allí se han desarrollado cuestiones cuyo sentido no necesariamente se iguala con las fronteras o ejes (más o menos porosos) del conflicto frío. Tercero, este plano político-cultural permite complejizar los límites de diverso tipo, como temporales y geográficos, sobre las visiones globales de la guerra fría, para avanzar sobre temporalidades y recortes espaciales más heterogéneos, así como sobre temas antes desatendidos.

El presente dossier busca entrar en diálogo con los aportes de esta nueva corriente, pero descentrando las implicancias de la guerra fría: si bien los tres textos transcurren en torno a momentos sumamente referenciales del conflicto, este no aparece configurando los ejes centrales de los trabajos. Ello se debe a que, si bien las derechas fueron protagonistas centrales de las décadas frías, muchos de los factores que configuraron el desarrollo del liberal-conservadurismo en la región escaparon a sus problemáticas específicas y se articularon antes con problemas de sus respectivas tradiciones, o a causas irresueltas inscriptas en las respectivas historias nacionales con anterioridad a la división del mundo entre las dos grandes potencias. Los lectores y lectoras podrán apreciar que varios puntos de referencia en la discursividad de la guerra fría están presentes aquí, como las miradas anticomunistas, el problema de las fronteras ideológicas o el proceso internacional de renovación conceptual de las derechas, y que en efecto aparecen como factores de diálogo con pautas argentinas y uruguayas que no necesariamente refieren a la propia guerra fría. Si bien en los artículos aparecen el impacto de la revolución cubana, las miradas sobre lo que en su momento se denominó infiltración ideológica o el contexto de caída del Muro de Berlín, así como el lenguaje maniqueo, la mirada conspirativa o la permanente sombra del golpismo civil y militar, los problemas que motorizan los textos son otros.

Las tradiciones liberales en la Argentina y Uruguay han sido descritas generalmente como marcadas por los diversos modos de concebir el tipo de liberalismo que las conformó y sus relaciones con la sociedad. Así, un breve momento reformista (aunque sumamente complejo) argentino habría dado paso a la decepción de los sectores liberales con la democracia de masas expresada por el populismo yrigoyenista, que abrió la puerta a una inflexión conservadora que llevó a que permanentemente (y pese a sus enfrentamientos) las derechas liberales y las nacionalistas se coaligasen contra un enemigo común7. Esa dinámica golpista se reformularía tras la experiencia peronista, donde gran parte del liberalismo de contenido progresista perdería esos rasgos (que había enfatizado en el momento antifascista) para asimilarse a los sentidos más conservadores y antipopulares de la tradición, mientras un sector del nacionalismo se imbricaría con el justicialismo, reformulando el clivaje entre elites y masas que había marcado al previo espacio nacionalista8. La república imposible, como caracterizó Tulio Halperín Donghi el proceso político argentino de esa etapa, jugando con las clásicas categorías de república verdadera y república posible que pensara Juan Bautista Alberdi en el siglo XIX9, pareció para muchos la contracara del proceso uruguayo. El país oriental se caracterizaría por un liberalismo progresista exitoso, influyente y de larga duración, distinto al argentino, y por ello mismo por un respeto a las instituciones frente a la accidentada historia argentina.

Sin embargo, y más allá de los aciertos de una lectura de ese tipo, diversos datos permiten reelaborar esa concepción: sólo tres años luego del golpe de inspiración corporativista del general Uriburu en Argentina, en Uruguay Gabriel Terra cortaba por vía golpista la experiencia del batllismo original; un año antes del golpe de 1943 en la Argentina, del otro lado del Río de la Plata el presidente Alfredo Baldomir repetía el gesto del líder del terrismo; muchas de las pautas progresistas del primer batllismo fueron replicadas por derecha en las Pampas, para detenernos en casos previos a lo enfocado por este dossier. Como han demostrado en los últimos años diversas investigaciones, las derechas en el Uruguay no sólo tuvieron una presencia relevante en la vida político-cultural sino en la institucional, desde los partidos políticos a la trama estatal10. Asimismo, rostros más duros de las derechas autoritarias han comenzado a ser colocados en una lectura que va más allá de la etapa ordenancista del herrerismo (al que sus opositores consideraban un peronismo a la uruguaya)11. De un lado y del otro del Plata, además, múltiples voces se encargaron de analizar o explicar a su país como un caso aparte, una excepción o una rareza, lo cual acentuó miradas desconectadas de lo regional o centradas en los particularismos12.

El presente dossier se abre en la orilla uruguaya, con el trabajo de Pablo Ferreira, “Democracia, orden y legalidad. El surgimiento de un batllismo conservador y de derechas en el ‘Uruguay feliz’ de los tempranos cincuenta”. Desde el propio título, el autor desafía la idea de un país armónico marcado por las tendencias progresistas de su liberalismo, y a lo largo del escrito da cuenta de cómo las tendencias de derecha buscan no sólo dar lucha al interior del Partido Colorado, el que mejor representaba esa tradición, sino hacerlo desde una óptica peculiar, que luchaba por capturar el sentido de la democracia como concepto. La pregunta por las pautas de la derecha batllista es un tópico de interés para analizar cómo en esa tradición se opera un giro13. Así como ocurrió en el caso argentino, la derecha liberal buscó capturar para sí la identidad democrática y también hacerse del legado batllista, en un proceso que desde la interna partidaria expresaba un fenómeno más amplio. En un sentido, los batllistas de derecha se parecían más al liberal-conservadurismo argentino de lo que una mirada superficial a las tradiciones liberales de ambos países podría mostrar, en tanto los preocupaban fenómenos similares (como el populismo y el comunismo) y respondían erigiendo conceptos parecidos, en torno a una noción de orden compartida.

El artículo de Olga Echeverría y Martín Vicente, por su parte, interviene sobre el marco de los largos años sesenta abordando las miradas y las prácticas de las derechas liberal-conservadoras y nacionalistas sobre los procesos de cambio social de la época. La ya clásica conceptualización sobre las relaciones entre modernización y autoritarismo que expuso en su momento Guillermo O´Donnell14, muestra a las derechas argentinas reaccionando con atención y una creciente vinculación autoritaria a los fenómenos modernizadores de la etapa, hasta converger en una suerte de lingüa franca tramada sobre una concepción amplia de la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN). A tono con las transformaciones que las derechas internacionales experimentaban en la etapa (que plasmó a escala popular desde artículos originales de sus mayores referentes la revista liberal-conservadora El Burgués), las pautas tradicionales de liberales y nacionalistas se vieron impactadas por nuevos escenarios, donde el nuevo tipo de anticomunismo fue protagonista central. Pero en torno y en convergencia de ese nuevo rostro de la pesadilla en rojo (como la llamó George Nash)15, se configuró un mapa amplio que atravesó las miradas geopolíticas, las concepciones sobre el cambio generacional, las lecturas sobre la industria cultural, la reconsideración del momento posperonista.

Cierra el dossier el texto de Sergio Morresi, “‘Reconocer lo actuado’. El liberalismo-conservador y sus miradas sobre la dictadura y la violencia (1982-1989)”. En él, su autor analiza cómo durante la transición democrática los sectores liberal-conservadores, que fueron base ideológica central y protagonistas de relieve en la experiencia del Proceso de Reorganización Nacional, releyeron el pasado inmediato. Como han mostrado trabajos recientes sobre la última dictadura, en ella se superpusieron diversos planos temporales que desembocaron en el final por colapso tras la guerra de Malvinas y la apertura electoral, por ejemplo en el área económica, donde la derecha liberal decretó el fin real del proyecto de José Alfredo Martínez de Hoz ya en 197916. El autor avanza sobre el año 1982 para abordar el inicio de un ciclo que describe hasta 1989,año en que finaliza el primer gobierno de la transición argentina, con la entrega anticipada del mando del radical Raúl Alfonsín al peronista Carlos Menem y donde cae el Muro de Berlín que grafica el proceso de desarticulación de la URSS. El texto de Morresi, por ello, está surcado por la presencia de las transformaciones locales e internacionales sobre la derecha liberal, que el propio politólogo ha analizado en su momento como el ascenso de la nueva derecha argentina postdictatorial pero invariablemente marcada por las consecuencias de aquella experiencia17.

Los textos que conforman este dossier provienen de una experiencia previa, el IV Congreso de Historia Intelectual que se desarrolló en Santiago de Chile a fines de 2018. Allí, se expusieron como ponencias los dos primeros trabajos, junto con una ponencia de Magdalena Broquetas18. El texto de Sergio Morresi, quien no pudo participar de la mesa oportunamente, fue expuesto en el III Coloquio Internacional sobre Violencia Política, en Rosario. Ambas mesas se realizaron bajo mi coordinación.

Mientras cerramos este dossier, la región ve protestas masivas en Chile, donde se cuestiona el modelo neoliberal implementado desde el golpe de Estado liderado por el general Augusto Pinochet; un golpe de Estado en Bolivia llevó a la renuncia del gobierno de Evo Morales; en Brasil, la extrema derecha llegó al poder con Jair Bolsonaro en un proceso donde previamente fue encarcelado el ex presidente Lula Da Silva, quien fue liberado mientras discutíamos las versiones finales de los textos19. En Argentina, en tanto, el gobierno de Mauricio Macri, que llevó a un partido de derecha al poder por primera vez desde la reforma de la ley electoral de 1912, no logró su reelección, pero obtuvo un importante 40% de votos en las elecciones de octubre. En Uruguay, la segunda vuelta electoral entre el Frente Amplio y el Partido Nacional puede depositar en el gobierno una opción de centro-derecha tras 15 años de gobiernos de centro-izquierda. Si hasta bien entrada la segunda década del siglo XXI se hablaba del tiempo de la ola rosa regional, luego se dio paso a un diagnóstico sobre el giro a la derecha en esta parte del mapamundi, que fue en realidad parte de un proceso de construcción de las derechas de la región en sus respectivos países20.

En medio de estos procesos, muchos de los problemas que este envío contempla han reaparecido en el vocabulario político regional: desde las derechas se ha vuelto a hablar de comunismo con visiones propias de la guerra fría, pero sectores de izquierda y de las corrientes nacional-populares han evidenciado diagnósticos convergentes para denunciar el imperialismo estadounidense o la complicidad de las derechas políticas o las elites con un modelo inspirado en el Norte; la Venezuela post-chavista ha ocupado el sitio fantasmático que la Cuba revolucionaria o el Chile de Salvador Allende tenían en el imaginario derechista; las relaciones entre derechas liberales y nacionalistas se han reforzado, con el avance de estas últimas de la mano de una ola internacional que reconfiguró la marginalidad que experimentaron durante los años posteriores a la caída del Muro. En un sentido, la derecha entendida como una globalidad heterogénea tiene, como marcó recientemente Enzo Traverso, nuevas caras21. Si bien el diagnóstico del autor italiano se concentra en Europa, también en nuestra región esa pluralidad que son las derechas ha ingresado en un proceso de reformulación, donde las derechas liberales son protagonistas, tanto en la reconversión del eje neoliberal como en su vínculo con el ascendente nacionalismo radical.

 

NOTAS

1 Ver Saunders, 1999; Gaddis, 2005.

2 Calandra y Franco, 2012.

3 De Grazia, 2006.

4 Echeverría, 2009; Castro, 2012; Kolar y Mücke, 2019; Nash, 1987.

5 Petra, 2018; Zourek, 2019; Galván y Zourek, 2017.

6 Joseph, 2004.

7 Roldán, 2010; Castro, 2012.

8 Nallim, 2014; Lvovich, 2019.

9 HalperínDonghi, 2004.

10 Entre otros, Iglesias, 2010; Broquetas, 2014.

11 Reali, 2016; Cerrano, 2016.

12 Espeche, 2016; Altamirano y Gorelik, 2018.

13 Rodríguez Metral, 2016.

14 O´Donnell, 2011.

15 Nash, 1987.

16 Vicente, 2015; Morresi y Vicente, 2019.

17 Morresi, 2008.

18 Puede consultarse en Broquetas, 2018.

19 Goldstein, 2019.

20 Morresi, 2014.

21 Traverso, 2018.

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