2019, Segundo Semestre, vol. 54, n° 2, ISSNe 2314-1549 / ISSN 0556-5960
Instituto de Historia Americana y Argentina. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Cuyo.

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional


DOSSIERS TEMÁTICOS

 

DEMOCRACIA, ORDEN Y LEGALIDAD. El surgimiento de un batllismo conservador y de derechas en el Uruguay feliz de los tempranos cincuenta

DEMOCRACY, ORDER AND LEGALITY. The emergence of a conservative and right-wing batllismo in the Happy Uruguay of the early fifties

 

Pablo Ferreira

Universidad de la República. Uruguay. pablo.ferreira2311@gmail.com

 

Recibido: 11-06-2019
Aceptado: 30-09-2019


RESUMEN

El artículo aborda la trayectoria política y la evolución de las ideas de un sector político partidario, el batllismo catorcista o pachequista, que constituyó en el período que va entre la posguerra y la década del cincuenta, una de las expresiones del campo de las derechas en el escenario político uruguayo. Su peripecia resulta interesante a efectos de la puesta en diálogo con otros procesos regionales por varias razones: en primer término porque sus integrantes provienen de una tradición ideológica de fuerte impronta republicana y reformista, cuyos orígenes remiten al ciclo de cambios acaecidos en Uruguay durante las primeras décadas del siglo XX; en segundo lugar, porque la emergencia de esta vertiente coexiste con un nuevo ciclo reformista encabezado por otra corriente del batllismo que pretendió restaurar la matriz progresista de inicios de siglo; finalmente, porque el viraje en las posiciones del sector se da en un clima de época - marcado por la irrupción de la Guerra Fría- que justificó la revisión conservadora de las ideas sobre la democracia por parte de diversos partidos de perfil liberal e incluso reformistas en América Latina.

Palabras claves: Guerra Fría; Batllismo; Liberalismo; Conservadurismo; Republicanismo.

ABSTRACT

The article addresses the political trajectory and evolution of the ideas of a partisan political sector, the catorcista or pachequista batllismo, which constituted, in the period between the postwar period and the fifties, one of the expressions of the field of the rights in the Uruguayan political scene. His story is interesting for the purposes of dialogue with other regional processes for several reasons: firstly because its members come from an ideological tradition of strong republican and reformist imprint, whose origins refer to the cycle of changes that occurred in Uruguay during the first decades of the twentieth century; secondly, because the emergence of this aspect coexists with a new reformist cycle led by another current of Batllismo that sought to restore the progressive matrix of the beginning of the century; finally, because the turn in the positions of the sector takes place in a climate of time - marked by the irruption of the Cold War - that justified the conservative revision of ideas about democracy by various parties of liberal profile and even reformist in Latin America.

Keywords: Cold War; Batllism; Liberalism; Conservatism; Republicanism.


 

INTRODUCCIÓN

El artículo aborda la trayectoria y la evolución de las ideas políticas de una fracción del Partido Colorado -el batllismo catorcista o pachequista1- que se constituyó, en la coyuntura de la segunda posguerra y la década de los años cincuenta, en una de las expresiones del campo de las derechas en el sistema partidario del Uruguay. Toma como eje de análisis el discurso político de los principales dirigentes del sector y los editoriales de la prensa partidaria, haciendo foco en algunos de sus conceptos estructurantes, especialmente la voz democracia2.

En tal sentido el trabajo dialoga con un conjunto de reflexiones que la historiografía uruguaya viene realizando en las últimas décadas, ligadas a los conceptos de crisis, democracia y autoritarismo en los años sesenta y setenta del siglo XX. En esta línea, debemos rescatar especialmente los diversos trabajos de Álvaro Rico desde fines de los años ochenta, que han venido abordando los difusos límites entre autoritarismo y democracia en los años previos a la última dictadura en el Uruguay. Para Rico, el carácter secuencial y gradualista del proceso de crisis, que se inició a mediados de los años cincuenta y se profundizó en los años sesenta y principios de los setenta, habría generado comportamientos en los actores partidarios y en su relación con el Estado y la sociedad civil que permiten sostener que democracia y autoritarismo no constituyen lógicas ajenas o antagónicas sino que se superpusieron contradictoriamente al interior del mismo sistema político-estatal, alimentando el espiral de violencia o la dinámica disruptiva3. Aldo Marchesi y Vania Markarian, por su parte, han remarcado la tendencia a una extensión del campo de la historia reciente que ha venido abordando los procesos de crisis y transformaciones de la sociedad y la política uruguaya desde los años cincuenta4. Finalmente, es importante destacar el desarrollo reciente de un campo de estudios sobre las derechas políticas y su vínculo con la violencia política en el Uruguay5.

La peripecia del sector político abordado es interesante, a efectos de su puesta en diálogo con otros procesos de la región, en la medida que sus integrantes provenían de la matriz liberal conservadora sino de una tradición ideológica de impronta republicana y reformista, cuyos orígenes remitían al ciclo de profundos cambios acaecidos en Uruguay durante las primeras décadas del siglo XX. Asimismo, porque la emergencia de esta vertiente conservadora y de derechas se produjo en debate con la fracción mayoritaria del batllismo -liderada por Luis Batlle Berres- que impulsó desde el gobierno reformas económicas y sociales que procuraron refundar el programa progresista del primer batllismo. Finalmente, porque el viraje en las posiciones ideológicas del sector se produjo en un clima de época marcado por la recepción del discurso de la Guerra Fría, el cual justificó la revisión conservadora de las ideas sobre la democracia en diversos partidos y actores de tradición liberal en América Latina6.

UN POCO DE HISTORIA

En las primeras décadas del siglo XX Uruguay vivió un profundo proceso de reformas económicas, sociales, culturales y políticas que estuvieron ligadas a la hegemonía política del Partido Colorado, una de las dos colectividades políticas emergentes de la conflictiva historia política del siglo XIX. Figura central de este proceso fue José Batlle y Ordoñez, dos veces Presidente de la República (de 1903 a 1907 y de 1911 a 1915) y líder hasta su muerte en 1929 del sector mayoritario del Partido Colorado.

El batllismo, denominación que comenzó a recibir el sector todavía en vida de José Batlle y Ordoñez, se caracterizó por el impulso desde el gobierno a una avanzada legislación social, por llevar adelante reformas económicas de corte nacionalista y estatista que entraron en conflicto con los intereses del capital inglés, por la concreción de una serie de reformas morales (como la abolición de la pena de muerte o el divorcio por la sola voluntad de la mujer) y finalmente por una propuesta -concretada a medias- de reforma de la política que tenía un marcado corte republicano7. Este último aspecto ha sido estudiado por el historiador Gerardo Caetano que ha destacado, frente al lugar común que ubicaba a los partidos tradicionales uruguayos dentro de un difuso espacio liberal, la presencia de contundentes elementos republicanos resaltando:

(…) un especial énfasis en la concepción anti-tiránica; la crítica frecuente a ciertos vicios de la democracia representativa y la defensa alternativa de una ciudadanía robusta, con “virtudes cívicas” y talante participativo; la promoción de los ámbitos y la calidad de la deliberación política; la defensa activa de un partido “asambleario, activo y deliberante”; el impulso a una vida pública muy activa y exigente, sustentada en la frecuencia de elecciones y en una participación múltiple en instancias partidarias y cívicas (…)8
 

En 1933 un golpe de Estado impulsado por el presidente Gabriel Terra clausuró el primer ciclo batllista y los avances democráticos alcanzados luego de la aprobación de la constitución de 1918. Gabriel Terra, figura que provenía del batllismo, había ido construyendo tras asumir la presidencia en 1931 una alianza con sectores conservadores dentro del Partido Colorado y del Partido Nacional (especialmente con el grupo liderado por Luis Alberto de Herrera) que finalmente fueron el apoyo al golpe de Estado y la base política del llamado régimen marzista9. Durante los años siguientes, los batllistas netos (denominación que comenzaron a utilizar los opositores al golpe de marzo de 1933) impulsaron la abstención en las diversas consultas electorales y procuraron articular la oposición al régimen10.

El ciclo terrista se clausuró con un nuevo golpe de estado en febrero de 1942 impulsado por el entonces presidente Alfredo Baldomir, figura que provenía del marzismo pero que venía desarrollando una política de alianzas de corte aperturista. Con un posicionamiento internacional pro-aliado en el escenario de la segunda guerra mundial, Baldomir impulsó una transición política que incorporó a los batllistas al gobierno y luego a la competencia electoral. Estos apoyaron al gobierno de Baldomir en su propuesta de reforma constitucional en 1942 y acompañaron la candidatura a la presidencia de Juan José de Amézaga. Figura de transición, Amézaga gobernó el país entre 1943 y 1946 contando con el respaldo de Alfredo Baldomir y el apoyo sostenido a sus iniciativas por parte de los batllistas11. En ese marco dio un nuevo impulso a la legislación social a partir de la aprobación de una ley de Consejos de Salarios que estableció la negociación tripartita entre empresas, Estado y trabajadores.

En 1946 los batllistas ganaron las elecciones impulsando la candidatura presidencial de Tomás Berreta, un dirigente de larga trayectoria en el sector y de perfil conservador12. La interna del grupo, sin embargo, evidenciaba la existencia de dos corrientes definidas que postularon listas diferentes a las cámaras legislativas. Identificada con la lista catorce y el liderazgo de los hermanos César y Lorenzo Batlle Pacheco se articuló la vertiente más conservadora. Este grupo controlaba el tradicional periódico del sector, el matutino El Día, fundado en 1886 por José Batlle y Ordoñez. Por otra parte, alrededor del emergente liderazgo de Luis Batlle Berres e identificados con la lista quince, se constituyó el núcleo más progresista, que procuraba relanzar el programa de reformas interrumpido por la crisis de 1929 y el golpe de Estado de 193313. Luis Batlle, tras arduas negociaciones, integró la fórmula presidencial del batllismo siendo electo vice-presidente.

La muerte de Tomás Berreta, a poco de asumir el gobierno, llevó a Luis Batlle Berres a asumir la Presidencia en agosto de 1947. Si el primero era un candidato considerado equidistante a las fracciones batllistas -aunque más cercano ideológicamente a los catorcistas- la llegada a la presidencia de Luis Batlle desniveló los equilibrios internos14. Desde la presidencia impulsó un renovado esfuerzo en pos de la industrialización del país que procuró sustentarse en un esquema de apoyo social urbano basado en una alianza entre la burguesía empresarial, las capas medias y los trabajadores. Impulsó además una política exterior de alineamiento con los Estados Unidos y de enfrentamiento con la Argentina gobernada por Juan Domingo Perón15.

En este período se agudizaron los conflictos entre las dos vertientes batllistas. Desde El Día se cuestionó la acción gubernativa y se acusó a Luis Batlle de ejercer un liderazgo personalista y autoritario16. Desde la esfera gubernamental se señaló reiteradamente que la oposición de los catorcistas era parte de una estrategia para conservar el control partidario. La escisión fue completa y definitiva para las elecciones de 1950. El Partido Colorado presentó en esa ocasión tres fórmulas presidenciales, dos que se definían como batllistas y una que integraba a las distintas vertientes del coloradismo independiente. Las listas catorce y quince se disputaron al electorado batllista obteniendo cifras cercanas en votos, aunque con un leve predominio de la vertiente reformista. Ley de lemas mediante, la fórmula del batllismo quincista integrada por Andrés Martínez Trueba y Alfeo Brum ganó las elecciones17.

LA COYUNTURA 1951-1952

Tras asumir la presidencia en marzo de 1951 Andrés Martínez Trueba provocó un giro político decisivo en la política uruguaya. Por su iniciativa, se abrieron conversaciones entre dirigentes del batllismo y del sector mayoritario del Partido Nacional (Herrerismo) que culminaron en la firma de un acuerdo para proceder a una reforma constitucional que tenía como principal innovación la sustitución de la presidencia unipersonal por un Consejo Nacional de Gobierno integrado por nueve miembros, seis del partido que ganara las elecciones y tres de la minoría18. Contando con amplios respaldos, la propuesta se transformó en Ley Constitucional, fue sometida a plebiscito y aprobada por la ciudadanía por un margen mínimo de votos en el mes de diciembre.

Para Luis Batlle y su entorno más cercano resultó difícil posicionarse en esta coyuntura. La reforma fue percibida como una estrategia tendiente a quitarle protagonismo a su sector e impedir una nueva candidatura presidencial de Luis Batlle. Sin embargo, resultaba difícil asumir una posición contraria al ejecutivo colegiado. Era una iniciativa política de larga data para los batllistas desde la aparición de los Apuntes de José Batlle y Ordoñez en 1913, presente a texto expreso en el programa de gobierno del sector19. Por esa razón no lograron articular una campaña opositora y se concentraron en cuestionar la modalidad prevista para la reforma constitucional, así como el acuerdo con el herrerismo, sector al que atribuían perfiles no democráticos.

A inicios de la década del cincuenta comenzaron a evidenciarse algunas dificultades en el funcionamiento de la economía del país. Las favorables condiciones que el país había experimentado en el mundo de posguerra variaban rápidamente, Europa se recuperaba más rápido de lo esperado, disminuía la demanda y el precio de los principales productos de exportación del país, elevándose el precio de los insumos que requería el sector industrial para su desarrollo. La baja rentabilidad del agro y las dificultades de la industria incrementaron las tensiones al interior de las élites, así como en su relación con el Estado y las clases populares. Una nueva clase trabajadora, surgida a partir del proceso de industrialización sustitutiva de importaciones y que había incrementado su tasa de sindicalización a partir de la legislación laboral impulsada en los años cuarenta, fue protagonista de un intenso ciclo de movilizaciones desarrollado entre 1947 y 195220.

En junio de 1951 se declaró una importante huelga en la planta industrial de ANCAP que culminó con el procesamiento por la justicia de veintiocho trabajadores21. De manera inmediata se generó una amplia coordinación sindical que tuvo su punto culminante en la llamada huelga de los gremios solidarios que se prolongó entre el 15 de octubre y el 15 de noviembre. Al mismo tiempo, los estudiantes universitarios se movilizaron ante diversos artículos del proyecto constitucional que limitaban la autonomía de la Universidad. El 20 de marzo de 1952 comenzó una huelga entre los trabajadores de la Salud Pública que exigían mejoras en la asignación presupuestal del sector. El novel Consejo Nacional de Gobierno respondió con la aplicación de Medidas Prontas de Seguridad, un recurso previsto en la constitución para situaciones excepcionales en que se viera amenazado el orden público, contando con el aval del Parlamento22. En setiembre, ante un nuevo ciclo de huelgas que incluyó a la banca pública y privada, sectores del transporte y diversas industrias, el gobierno volvió a recurrir a ese procedimiento, realizó cientos de detenciones de trabajadores y movilizó al ejército en diversos puntos del país.

DEMOCRACIA, ORDEN Y LEGALIDAD

El batllismo pachequista o catorcista puede ser analizado como una expresión temprana del viraje ideológico de signo conservador realizado por sectores de los partidos tradicionales uruguayos, en el marco de la crisis económica, los avances en la movilización organizada y autónoma de la sociedad civil y el impacto de la Guerra Fría23. En este apartado abordaremos específicamente las reflexiones que elaboraron los dirigentes del sector en el parlamento, en algunos actos políticos y en la prensa partidaria respecto a la democracia y al papel de la ciudadanía en ésta. Coincidieron estas en dos grandes tópicos:

  * una asociación recurrente entre democracia y legalidad. No desde la concepción republicana de la ley como instrumento para la transformación de la sociedad, sino desde la concepción liberal-conservadora de la legalidad como arma para enfrentar toda posible alteración del orden.

  * la idea de una democracia amenazada que debía fortalecerse para sobrevivir. Ello pasaba por la limitación gradual de la libertad de acción de sus enemigos. Si bien el discurso identificaba al comunismo como enemigo principal, englobaba bajo ese rótulo a un conjunto de actores sociales y políticos que, a su juicio, amenazaban la libertad, la ley y el orden.

Si la asociación entre democracia y legalidad planteada por los dirigentes políticos del sector generó tensiones con el legado republicano del batllismo (que reivindicaba una ciudadanía robusta orientada a transformar en sentido progresista y siguiendo un horizonte de bien común las insuficiencias de la legalidad existente24) los planteos reiterados en defensa de la limitación de derechos y libertades entraban en conflicto con la veta liberal de la tradición batllista.

Son múltiples los ejemplos de piezas discursivas donde pueden apreciarse las tensiones a que hacemos referencia. El 26 de marzo de 1952 el editorial central del diario El Día cuestionaba el accionar de los funcionarios de Salud Pública en huelga y justificaba las Medidas Prontas de Seguridad señalando que los batllistas, en tanto republicanos y demócratas, debíancuidar que sus aspiraciones de progreso, de bienestar y de perfeccionamiento del actual estado de cosas se encauzaran por la vía recta y segura del respeto y el acatamiento ante la ley. A renglón seguido la tensión entre libertad y orden podía apreciarse cuando el editorialista señalaba la necesidad y el deber de un entendimiento entre todos los demócratas en defensa del orden, la legalidad y del principio de autoridad frente a quienes intenta(ban) desconocerlos25.

Ese mismo mes el Consejo Nacional de Gobierno - a iniciativa del el Ministerio del Interior - negaba la autorización para que se realizara una Conferencia por la Paz en Montevideo, atribuyendo a sus organizadores tener por objetivo la agitación comunista26. Desde El Día se hacía énfasis en la necesidad de proteger a la democracia a la que se consideraba indefensa ante sus enemigos:

La democracia tiene enemigos y es en la época contemporánea cuando ella ha pasado y está pasando por durísimas pruebas (…) Nuestro amor a la libertad y al derecho, no son conceptos equivalentes a la indefensión o a las prácticas que comprometen los atributos cuyo mejoramiento y estabilidad tantas luchas y sacrificios nos ha impuesto (...) debemos tener justificadas prevenciones para aquellas tendencias y facciones que invocan nuestra adhesión a la libertad, para usufructuarla, con el fin indudable de herirla de muerte. (…) no podemos ofrecer oportunidades para que los detractores socaven más aún la democracia. Ya es hora de que la ingenuidad no resulte complicidad. No podemos entregar nuestras armas a los destructores de los bienes que enaltecen la vida27.

Otro tópico en el discurso era la tensión entre la vigencia plena de las libertades (en especial las sindicales) y el principio de autoridad. La limitación de libertades como defensa de la democracia frente a la amenaza del bolchevismo fue justificada extensamente desde las páginas de El Día: 

No siempre la libertad consolida la libertad (…) El imperio de la libertad que los sistemas representativos postulan, no ha de llevarlos, en modo alguno, a contemplar indiferentes la conducta de los adeptos al bolchevismo, ni a permanecer inactivos ante sus agresiones. No sería posible que, a la postre, el comunismo le debiera a la democracia una copiosa deuda de gratitud, por haberle dado ocasión y armas para que le descargara el golpe demoledor, desde la impunidad28.

Un último ejemplo de este tipo de construcción discursiva fueron las declaraciones en conferencia de prensa del ministro del Interior Antonio Fusco, explicando el alcance de las medidas prontas de seguridad de marzo de 1952. Fusco expresaba las contradicciones entre el ideal democrático y las medidas que se adoptaron para enfrentar el conflicto social:

(…) la democracia no implica debilidad -como algunos podrían creerlo- y frente a la indisciplina y a todos los riesgos que este primer foco de rebelión puede acarrear queremos dejar claramente establecido que se obrará con toda la energía que las circunstancias exijan. El gobierno, en tal sentido, y sin abandonar por un solo instante su conciencia democrática, ni apartarse un ápice de las obligaciones que le impone la Constitución, irá hasta donde haya que ir en defensa de las instituciones (…)29.

La democracia y sus enemigos

Una constante en el discurso del sector fue la referencia a los agitadores profesionales como amenaza para la democracia. Tras una serie de disturbios entre estudiantes y policías ocurridos el 1º de octubre de 1951, el Parlamento convocó a sala al entonces ministro Juan Francisco Guichón. Lorenzo Batlle Pacheco respaldó lo actuado señalando que a esa manifestación había asistido ese tipo de agitadores profesionales, que están conspirando contra el cumplimiento de la ley en nuestro país y creando la intranquilidad30. Por su parte, el ministro llamó a todos los que tenían una auténtica sensibilidad democrática para defender nuestras libertades, señalando la existenciade una conspiración colectiva contra el principio de autoridad31.

Pocos días después El Día justificaba el acuerdo interpartidario alcanzado para reformar la Constitución destacando que el mismo era el camino para: 

(…) afianzar las conquistas en que reposa la tranquilidad interna, comprometidas por la influencia de factores de difícil contralor y que más que de dentro del país vienen de afuera, por causas complejas, entre las cuales no es de menor importancia el juego perturbador a que se entregan, en el seno de todas las democracias, los que aspiran a imponer sobre todo el mundo la tiranía roja que oprime a muchos pueblos32.

En la medida que se generalizaron los conflictos sindicales en octubre de 1951, los editoriales de El Día perfilaron un discurso donde se destacaba el anticomunismo como nota dominante. El día 13 se señalaba que los estados de perturbación solo interesa(ban) a los agitadores internacionales al servicio del bolcheviquismo que en el afán de servir a Rusia busca(ban) hacer creer que en las democracias todo esta(ba) convulsionado33.

Algo funciona mal...34

Las transformaciones estructurales que vivía la clase obrera uruguaya a partir de los años cuarenta y los intensos conflictos sindicales señalados más arriba, incidieron en los debates y las decisiones de diversos actores partidarios. El sindicalismo fue visto como una amenaza que invadía el espacio de la política y actuaba -al decir de diversos grupos políticos- al servicio de intereses externos que operaban en el sentido de desligar a la sociedad de los partidos. Los dirigentes catorcistas vivieron con preocupación esta movilización de la sociedad y se sintieron perturbados por su incapacidad para actuar e incidir en espacios sobre los que había sabido el batllismo, al menos otrora, disputar la hegemonía a otros actores sociales y políticos.

Un sector de la sociedad que se movilizaba con peligrosa independencia, a juicio de los catorcistas, era la juventud universitaria. Los reclamos respecto a la autonomía integral de la Universidad adquirieron, en el agitado mes de octubre de 1951, un tono agudo de cuestionamiento al sistema de partidos. Asimismo, las formas de protesta implementadas, que incluyeron la irrupción en el Parlamento y la movilización en las calles fueron señaladas como acciones reñidas con los ideales democráticos. Haciendo referencia a las resoluciones tomadas por el Claustro Universitario, se señalaba en:

El Día que lejos de favorecer la causa de la autonomía universitaria (estas) sugiere(n) la idea de que algo funciona mal en la Universidad, cuando las enseñanzas que ella dicta conducen a algunos de los que las suministran y a los que las reciben a posiciones espirituales tan desprovistas de razón y de sentido común35.

Semanas más tarde, en un discurso ante la Convención del Partido Colorado Batllista y en ocasión de conmemorarse un nuevo aniversario de la muerte de José Batlle y Ordóñez, el senador Efraín González Conzi tuvo juicios muy críticos sobre los estudiantes. Señalando un volante de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay, González Conzi se preguntaba sobre la indiferencia de los dirigentes estudiantiles y recordaba como:

A diferencia de la juventud que en el pasado se puso al servicio de la libertad en uno u otro campo y participó en todas las luchas políticas, entre ellas en la memorable campaña colegialista que inició en este país la intervención del pueblo en los asuntos públicos, estos jóvenes dicen permanecer en la más absoluta neutralidad (…) (Nuestra) generación trató de cumplir con el mandato de Batlle y entregará el país mejor que lo que lo recibió a las generaciones (próximas). Pero estos jóvenes parece que no están dispuestos ni a consolidar ni a engrandecer aquella obra, pues niegan su colaboración hasta para mantenerla36.

Es un discurso interesante por el estatus del emisor, por sus eventuales destinatarios y por la situación en que se enmarca. Se trata de uno de los máximos dirigentes de la lista catorce37, emitiendo un discurso que se sitúa en una instancia de evocación de la figura del fundador de la comunidad política, cuyos partidarios más comprometidos aparecen como los destinatarios directos del discurso. Apuntando a los elementos que integraban al conjunto de los batllistas en un mismo legado y estableciendo distancias con el afuera, se apelaba al pasado, a lo construido que daba unidad cuando las controversias del presente y las proyecciones de futuro dividían. De esta forma ante la presencia de núcleos estudiantiles (que) se dicen abanderados de la autonomía universitaria, se cuestionaba su derecho de agitar (esa) bandera con exclusividad. Seguidamente, destacaba el orador cómo:

  (…) la autonomía de la Universidad es una de nuestras banderas (...) La democratización de la enseñanza se debe también a nuestro empeño. La hicimos gratuita en todos los grados, caso único en el mundo. Llevamos a la mujer a las aulas, venciendo prejuicios que entonces parecían indestructibles. Fundamos la enseñanza nocturna y creamos los liceos departamentales. Por eso decimos que nadie tiene más derecho que nosotros a agitar las cuestiones de la Universidad38.

Un enfoque similar plantea González Conzi frente a las huelgas de funcionarios públicos. La tensión entre el legado batllista y el presente del autor se aprecia con claridad también en este otro pasaje del discurso. Tras una extensa referencia a José Batlle y Ordoñez el orador señaló que los batllistas habían sido los primeros en defender el derecho de huelga y contribuir a constitucionalizarlo, pero que eso no implicaba reconocerlo para los empleados del estado39.

La idea que subyace al texto es la de cierre de un ciclo. Las reformas económicas y sociales formaban parte de un legado que se reivindicaba, pero desde una concepción que daba primacía a los políticos como impulsores del cambio social y no a otros actores colectivos. Cuando estos últimos se movilizaban y confrontaban con el elenco gobernante eran deslegitimados a partir de la acusación de estar manipulados y de seguir intereses foráneos. De cierta forma había aspectos del legado batllista que en la coyuntura entraban en conflicto con el viraje en las ideas políticas del sector.

LA DISPUTA POR EL LEGADO BATLLISTA

La polarización ideológica al interior del batllismo generó una disputa por la apropiación de algunos conceptos y figuras que ordenaban simbólicamente el legado político del sector. La lista catorce debió enfrentar dos calificativos utilizados de forma despectiva por sus adversarios en la interna. Los quincistas tildaron al sector de tradicionalista y conservador, términos que solían ser atribuidos a los enemigos políticos del batllismo: el herrerismo y el coloradismo independiente. Frente al uso del primero se preguntaba la página editorial de El Día:

(…) ¿qué tiene de malo que un partido sea tradicional? (…) Eso prueba que nuestro partido ha conseguido expresar los anhelos, sentimientos y aspiraciones de gran parte de nuestro pueblo. Que ha cumplido una función. Que hizo nuestra historia40.

Un discurso que estigmatizaba el conflicto social, ubicaba a los batllistas de la catorce lejos del obrerismo que había identificado al primer batllismo y que en la coyuntura representaban con más comodidad los luisistas. Sin embargo, las tensiones entre el capital político que representaba el pasado y las mutaciones ideológicas del presente eran evidentes en el discurso del sector. El 17 de octubre de 1951 El Día se veía en la necesidad de precisar que no (lo) alarma(ba)n las reformas y que en ese terreno no cedía posiciones ante nadie, destacando que:

(…) ningún ciudadano puede destacar(le) una actitud retardataria Se ofuscaba el editorialista señalando cómo en el momento se vivía una confusión de términos que ha(bían) contribuido a crear los teóricos del caos, del oscurantismo y de la tiranía41.

González Conzi, en su discurso ya citado ante la Convención del Partido Colorado Batllista, hizo alusión a los planteos que definían al sector como conservador. Señaló el senador que no podían serlo quienes colocamos a este país a la cabeza de un Continente y estructuramos una legislación que hace que todos nos admiren. Agregaba a continuación que aceptaban el términoconsiderándose como conservadores del progreso, de la justicia y de la libertad42.

Durante el debate de la nueva Constitución procuraron los catorcistas utilizar la figura de Batlle y Ordoñez, reivindicándolo como un fanático de la legalidad, cuyo legado era trasladable a la coyuntura de los años cincuenta en que los hombres de la catorce levantaban su voz en defensa de la legalidad como resguardo del pueblo y de los derechos de los trabajadores43.

Pocos días después, el sector se enfrentó con otra cita incómoda con su pasado reciente. El 26 de octubre, se cumplían dieciocho años del asesinato de Julio César Grauert, referente de la izquierda batllista asesinado por la dictadura terrista y considerado un mártir por el conjunto de los batllistas. Mientras el diario de la lista quince, el vespertino Acción, destacaba las aristas más radicales de la figura, en especial su dominante preocupación por los derechos de los explotados44, El Día señalaba la inminente consagración del supremo ideal que inspiró su conducta política y sus anhelos de reivindicaciones sociales: el Colegiado45. Omitiendo los aspectos más radicales de su planteo integraban la figura de Grauert en un relato de la peripecia batllista que era mucho más acorde con las posiciones actuales del sector46.

EPÍLOGOS Y CONCLUSIONES

En las elecciones de 1954 y con el telón de fondo de la crisis económica incipiente y la tensión social en aumento, las diferencias a la interna del batllismo se incrementaron. La lista catorce alcanzó un acuerdo con el sector Libertad y Justicia, fracción colorada conservadora y enfrentada al batllismo que encabezaba el reconocido médico Eduardo Blanco Acevedo, figura destacada del terrismo en los treinta. La catorce pasaba así de ser una disidencia dentro del batllismo a liderar la oposición conservadora dentro del partido. La configuración de la interna colorada mantenía la dualidad entre un sector progresista y otro conservador, pero a diferencia de la primera época, donde tal oposición se traducía en batllismo y anti-batllismo, ahora eran batllistas tanto los progresistas como los conservadores47.

Para las elecciones de 1958 el batllismo no realizó cambios significativos en su estrategia electoral. La rivalidad entre la lista quince y la catorce seguía dominando la interna del partido. Marcado por diferencias internas el Partido Colorado perdió las elecciones ante el Partido Nacional en un hecho inédito en el siglo XX uruguayo. En los ocho años siguientes las distintas fracciones batllistas vivieron la experiencia de integrar un partido de oposición. En un escenario económico, social y político de gran tensión el batllismo catorcista exploró una nueva alianza con los sectores colorados independientes, la Unión Colorada y Batllista, que impulsó la candidatura de Oscar Gestido a las elecciones de 1962 y luego a las de 1966 en que resultó triunfador. Si bien la coyuntura de mediados de los sesenta estuvo marcada por realineamientos de distintos dirigentes del sector, una parte de quienes integraron la vertiente batllista y conservadora en los años cincuenta integró y apoyó los gobiernos del Partido Colorado que precedieron a la última dictadura militar48.

¿Por qué detenernos en la trayectoria y el análisis de las ideas de la lista catorce en los años cincuenta? ¿Qué puede aportar su experiencia a una reflexión sobre las variantes y recorridos del liberal - conservadurismo en el Río de la Plata en las décadas centrales del siglo XX?

En primer lugar, acercarse a la experiencia del catorcismo es relevante en la medida que el sector no proviene de la tradición liberal-conservadora. La fracción es heredera y abreva en las ideas republicanas y reformistas del primer batllismo, a las que no dejó de reivindicar en su legado, simbología y en algunos de sus presupuestos. Sus principales dirigentes fueron protagonistas del tramo final de los años veinte, fueron activos opositores a la dictadura terrista y realizaron su viraje hacia posiciones conservadoras en la segunda posguerra, especialmente en la coyuntura de los tempranos cincuenta.

Analizar el giro conservador o derechizante de los hermanos César y Lorenzo Batlle Pacheco, Efraín Gónzalez Conzi, Gabriel Fusco u otros dirigentes del sector, así como del diario El Día, obliga a profundizar en aspectos escasamente abordados hasta el momento por la historiografía uruguaya. Entre ellos, la irrupción de una serie de construcciones conceptuales ligadas al universo de la Guerra Fría que comenzaron a influir decisivamente en la forma de entender y ubicar a los actores políticos y sociales. Este discurso englobó bajo los calificativos de bolchevique, comunista o agitador a un conjunto de sujetos sociales movilizados, algunos de ellos enfrentados al pretendido liderazgo comunista en el campo social.

El estudio de la peripecia del sector catorcista impone profundizar en las ideas en disputa sobre la democracia, asumida como valor identitario del mundo libre en la segunda posguerra. Al interior del sistema político uruguayo todavía resonaba la última ruptura institucional ocurrida en los años treinta. A los diversos grupos políticos que habían apoyado al régimen terrista se los seguía acusando de tener visos autoritarios (especialmente al sector herrerista del Partido Nacional). Al interior del batllismo se polarizaron dos lecturas antagónicas de la democracia; una de perfiles conservadores que asoció democracia con libertad y a ésta última como la posibilidad de vivir bajo el imperio del orden y el respeto a la legalidad existente. Consideró además que la democracia era un sistema débil y vulnerable y que había que blindarla para protegerla ante sus enemigos. Sus rivales a la interna, los quincistas, reivindicaron la idea de una democracia integral que sumara a las libertades políticas los beneficios de la legislación progresista en materia económica y social.

En el discurso de los voceros de la lista catorce existió una importante dificultad para asimilar el clima de creciente movilización social que imperó en esta etapa. Los batllistas habían tenido una fuerte presencia entre la juventud universitaria y habían buscado establecer canales de diálogos con el movimiento obrero. La etapa final de los años cuarenta y la década del cincuenta estuvo marcada por la irrupción de nuevos sujetos sociales que concebían a los batllistas como el partido de gobierno y el orden social. Mientras los quincistas procuraron asumir y orientar el movimiento que fluía en la sociedad, los batllistas de la catorce se enfrentaron a la nueva sociedad movilizada y procuraron deslegitimarla.

Este enfrentamiento no parece haber sido exitoso en términos electorales durante la década del cincuenta. Sin embargo, parece haber sido un mojón influyente para los movimientos de ideas que se produjeron dentro del Partido Colorado durante la década siguiente como reacción o respuesta a la movilización y radicalización de la sociedad uruguaya49.

 

NOTAS

1 El término catorcista refiere a la lista electoral identificada con el número catorce que utilizó el sector en sus comparecencias electorales durante el período. Por su parte la denominación de pachequista remite al segundo apellido de los máximos dirigentes del grupo César y Lorenzo Batlle Pacheco, hijos de ex- presidente José Batlle y Ordoñez.

2 Este trabajo dialoga con dos textos previos del autor. Véase Ferreira, 2013 y 2014.

3 Rico, 1989 y 2005. Véase también, Sala, 2000.

4 Marchesi y Markarian, 2012. En esta línea pueden considerarse también los trabajos de García, 2007 e Iglesias, 2011.

5 Véase especialmente Broquetas, 2014. Para un período posterior al abordado aquí véase; Bucheli, 2019.

6 Véase entre otros Vicente, 2014, Bertonha y Bohoslavsky, 2016; Bohoslavsky, Motta y Boisard, 2019.

7 La producción historiográfica sobre el primer batllismo es amplia y variada. A efectos de una mirada panorámica y una caracterización del proceso remitimos a los trabajos de Real de Azúa, 1964; Lindhal, 1971; Barrán y Nahum,1979-1987; Barrán, 1996; Vanger, 1983, 1992 y 2009 y Zubillaga, 1991b.

8 Caetano, 2011: 94.

9 Sobre el proceso al golpe de Estado de 1933 véase Caetano y Jacob, 1990-1991, Oddone, 1990 y Barrán, 2004. La denominación de régimen marzista remite a la fecha del golpe que fue el 31 de marzo de 1933.

10 Véase Jacob, 1983; Oddone, 1990 y Paris y Ruiz, 1987.

11 Véase Frega, Maronna y Trochón, 1987.

12 Véase D´Elía, 1982: 56 y Ruiz, 2007: 136-137.

13 Luis Batlle Berres era sobrino de José Batlle y Ordoñez. Huérfano desde los 11 años pasó a vivir bajo el cuidado de José Batlle y Ordoñez y su esposa Matilde Pacheco.

14 Véase Zubillaga, 1991a: 65.

15 Respecto al gobierno de Luis Batlle Berres remitimos a los trabajos generales de D´Elía, 1982 y Ruiz, 2007. Sobre la política exterior en el período véase Oddone, 2004.

16 La discusión sobre el personalismo y los tipos de liderazgo estuvo presente en el primer batllismo y ha sido recuperada en clave republicana por Caetano, 2011: 71 y ss. En la coyuntura de posguerra se reactualizó en el Río de la Plata a partir de la discusión sobre el gobierno peronista. Véase Oddone, 2004.

17 Las disposiciones electorales permitían que los partidos presentaran diversas candidaturas presidenciales cuyos votos se acumulaban. De esta forma la presidencia iba para el partido más votado y a su interior para las candidaturas con mayor cantidad de votos. Sobre la génesis de estos dispositivos electorales, que remitían a las décadas del veinte y treinta, véase Frega, Maronna y Trochón, 1984.

18 Sobre el punto véase Chasquetti, 2003 y Caetano y Rilla, 2000.

19 En 1913 José Batllé y Ordoñez había hecho públicos en el Diario El Día sus Apuntes para una reforma constitucional en el Uruguay. Estos incluían como una de sus principales disposiciones la sustitución de la Presidencia por un Poder Ejecutivo Colegiado. Tal propuesta polarizó la política del Uruguay en los años siguientes hasta que en 1916 el batllismo fue derrotado por una amplia alianza de fuerzas conservadoras en la elección de integrantes de la Convención Nacional que elaboraría la nueva constitución. Esto derivó en que se terminara aprobando una fórmula de transacción que instituyó un Poder Ejecutivo bicéfalo, cuyas atribuciones se dividían entre un Presidente y un Consejo Nacional de Administración.

20 El término nueva clase trabajadora lo tomamos de Porrini, 2004. Para un abordaje sobre el ciclo de conflictos sindicales entre 1947 y 1952 véase Cores, 1989.

21 La Administración Nacional de Combustibles Alcohol y Portland (ANCAP) era desde 1931 una de las principales empresas públicas del Uruguay. El conflicto referido, según relata el historiador y dirigente sindical Hugo Cores (1989), tuvo su origen en el año 1947, en la larga huelga de la empresa de reparaciones navales Regusci y Voulminot. Esta empresa, en conflicto con su personal, integrado sindicalmente a la Federación Naval, trabajaba a mediados de 1951 utilizando rompehuelgas y con apoyo policial. Los sindicatos portuarios en respuesta a tal medida, decidieron hacer un boicot a los barcos reparados en los muelles de la empresa. Uno de estos barcos víctimas del boicot fue conducido al muelle de ANCAP y los trabajadores de la empresa se negaron a operar en él. Como respuesta, el Directorio, encabezado por el batllista Juan P. Fabini, decretó varias suspensiones y despidos que recayeron fundamentalmente entre los dirigentes sindicales. Ante tal medida, el sindicato decretó la huelga y el Directorio denunció a sus empleados ante la justicia, la que procesó con prisión a 28 trabajadores aplicando el artículo165 del Código Penal, aprobado durante el régimen terrista.

22 Sobre el recurso a las Medidas Prontas de Seguridad véase Iglesias, 2011. La autora explica su uso repetido a lo largo del siglo XX como una herramienta de los partidos políticos -en tanto sujetos gobernantes- para consolidar su centralidad en diversas coyunturas críticas y para enfrentar la impugnación de sus decisiones por parte de otros colectivos.

23 Para una caracterización de las diversas derechas en el Uruguay de los cincuenta y sesenta véase Broquetas, 2014: 40-46.

24 Remitimos nuevamente al trabajo de Caetano, 2011: 73-74.

25 El Día, 26 -03-1952: 6 (La defensa de las libertades públicas).

26 La lucha por la paz se había convertido en una de las líneas estratégicas del Partido Comunista de Uruguay en coincidencia con las orientaciones generales emanadas desde el PCUS y la Komminform. Para un análisis en profundidad véase Leibner, 2011: 138-145.

27 El Día, 18-3-1952: 7 (Enemigos de la paz y la democracia).

28 Ibídem, 20-3-1952: 6. (La actitud de la democracia).

29 Ibídem, 21-3-1952: 8 (El Gobierno procederá con toda la energía que sea necesaria – Declaró el Dr. Fusco).

30 Ibídem, 4-10-1951: 8 (Intervención del Senador Lorenzo Batlle Pacheco).

31 Ibídem (Informe del Ministro Francisco Guichón a la Cámara de Senadores).

32 Ibídem, 7-10- 1951:6 (¿Contradicciones o qué?).

33 Ibídem, 13-10-1951:6 (Buena precaución).

34 Ibídem, 3-10- 1951: 8 (En los planos metafísicos del caos).

35 Ibídem: 6 (En los planos metafísicos del caos).

36 Ibídem, 23-10- 1951: 8 (Del homenaje solemne a Batlle que realizó el sábado la Convención del Partido. Palabras de Efraín González Conzi).

37 El historiador José Rilla ha destacado que Batlle y el batllismo, escrito por Roberto Giudici y Efraín González Conzi en 1928 (su primera versión fue corregida por el mismo Batlle) fue por mucho tiempo la summa batllista, un manual que en largos tramos luce hagiográfico por cuanto pone especial atención en la figura descollante de un líder que transforma su entorno para redimirlo, y que es, además, un texto de instrucción política que define una ortodoxia. Rilla, 2008:261.

38 El Día, 23-10-1951: 8 (Del homenaje solemne a Batlle que realizó el sábado la Convención del Partido. Palabras de Efraín González Conzi).

39 Ibídem.

40 Ibídem, 12-10-1951: 6 (Tradicionalismo).

41 Ibídem, 17-10- 1951: 6 (Palabras y hechos).

42 Ibídem, 23-10-1951: 8 (Del homenaje solemne a Batlle que realizó el sábado la Convención del Partido. Palabras de Efraín González Conzi).

43 Ibídem, 20-10- 1951:7 (El buen camino).

44 Acción, 26- 10-1951: 3 (El Mensaje de un héroe)

45 El Día, 26-10-1951: 6 (Julio César Grauert).

46 En la misma jornada, utilizando letras de gran tamaño y recuadrándolas, Acción expresaba: Del pensamiento vivo de Grauert: Las huelgas siempre son justas. Acción, 26-10-1951: 4.

47 Buquet, 2003: 153.

48 Precisamente el término pachequista en los tardíos sesenta adquirió una connotación distinta al identificar a los partidarios del presidente Jorge Pacheco Areco (1967-1972). Durante su gobierno se produjo una escalada autoritaria y represiva que está en los preámbulos del golpe de Estado de 1973.

49 Sobre los movimientos en la lista 15 véase Ferreira, 2013 y 2014 y Rodríguez, 2017.

FUENTES

1. Acción, Montevideo, período considerado.

2. El Día, Montevideo, período considerado.

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