Artículos

Narrativas de la Fiesta Nacional de la Vendimia desde la Historia Cultural

Narratives of the "Fiesta Nacional de la Vendimia" from cultural history

Carla Andrea Riggio
Universidad Nacional de Cuyo, Argentina

Narrativas de la Fiesta Nacional de la Vendimia desde la Historia Cultural

Cuadernos del CILHA, vol. 20, núm. 2, pp. 91-103, 2019

Universidad Nacional de Cuyo

Recepción: 31 Marzo 2019

Aprobación: 25 Abril 2019

Resumen: El artículo se ocupa del festejo de fin de cosecha, a través del estudio de la Fiesta Nacional de la Vendimia, en la provincia de Mendoza. Esta es, al mismo tiempo, una celebración y un espectáculo, generada desde la política cultural pública de los gobiernos provinciales. La exploración de la importancia cultural de las fiestas y festivales, por su ubicación dentro de la esfera pública cultural, permite examinarlas como ámbitos desde donde se ha intentado construir la legitimidad del poder político mediante un sentido particular de identidad. Este fenómeno es visible en algunas estéticas y en las narrativas vendimiales.

Palabras clave: Vendimia, Historia pública, Mendoza, Cultura, narrativas.

Abstract: This paper deals with the celebration of the end of the harvest through the study of Fiesta Nacional de la Vendimia, in the province of Mendoza. At the same time, this is a celebration and a spectacle generated from the public cultural policy of the provincial governments. The exploration of the cultural importance of the festivals, due to their location within the cultural public sphere, allow us to examinate them as areas from which an attempt has been made to construct the legitimacy of political power through a particular sense of identity. This phenomenon is seeable in some esthetics and in narratives of harvest.

Keywords: Harverst festivals, Public history, Mendoza, Culture, Narratives.

Introducción

A partir del siguiente trabajo intentamos demostrar que la Fiesta Nacional de la Vendimia es un festival de cosecha y forma parte del patrimonio inmaterial de la provincia de Mendoza. A su vez, a partir del análisis de sus actos centrales y las narrativas podemos interrelacionar la construcción social de la identidad y la representación simbólica del poder.

La comunidad mendocina disfruta de la Fiesta Nacional de la Vendimia[1] desde 1936, cuando fue institucionalizada por un Decreto del Gobernador Guillermo Cano[2]. A partir de allí y excepto en contadas ocasiones, se realiza el festejo entre fines de febrero y marzo, de cada año.

La Fiesta Nacional de la Vendimia involucra a toda la comunidad aunque en diferentes formas y con distintas responsabilidades y niveles de compromiso.

Consideramos que el festejo continuado de tantas vendimias custodia el conjunto de huellas patrimoniales de manera que se perpetúan en el inconsciente colectivo sin identificar claramente las pertenencias identitarias al grupo hegemónico o al grupo subordinado.

El aporte del artículo se centra en la ponderación de la Fiesta Nacional de la Vendimia como un fenómeno complejo dentro del panorama cultural, social y político de Mendoza.

Por último, advertimos que una investigación como la propuesta contribuye con los objetivos planteados por UNESCO, sobre la necesidad de conservar el ‘patrimonio inmaterial’ de las comunidades y de reflexionar sobre la significación histórica del mismo como el que se expresa en la Fiesta Nacional de la Vendimia en tanto que festival de cosecha.

Vendimia: Fiesta majestuosa y festival de cosecha

Existe una amplia literatura sobre los orígenes, significados y modalidades que adoptan, a lo largo y ancho del mundo, las fiestas y festivales (ROY, 2005). Al interior de estos conjuntos han surgido con los años estudios más específicos sobre las celebraciones de las cosechas o ‘harvest festivals’ (MORRILL, 2009).

Algunas perspectivas analíticas acentúan los elementos de religiosidad popular o la función ancestral de las fiestas de la cosecha. En cambio, otras señalan que la realización de las mismas se sostiene a través de una alianza directa con los intereses económicos de los sectores productivos; en épocas más recientes, también se pone énfasis en la vinculación de tales celebraciones con el desarrollo del turismo regional (Ali-Knigth, 2009).

Advertimos entonces que, la motivación principal para la realización de una fiesta da lugar a tipos de eventos distintos, con marcadas diferencias en su gestación y en su puesta en práctica. Algunas celebraciones pueden tener mayor participación popular que otras o ser dirigidas desde la cúpula del poder político; pueden ser más plurales en lo cultural o presentar una raigambre más acentuada en las tradiciones lugareñas; en los casos donde prima el factor económico (turismo, sector industrial dominante) y/o político (poder gubernamental), los eventos reproducen de manera desvaída y desvirtuada, las dimensiones culturales más profundas e identitarias de los grupos sociales. En el Libro de Oro de la Vendimia (1986) leemos “Raíces de un festejo que fue transferido al pueblo”, allí se analiza el recorrido con la idea de realizar una Fiesta en honor de la vid y el vino. Todo comenzó en 1911/1913 cuando un grupo de comerciantes e industriales pusieron en marcha el proyecto de festejos presentado por José Trianez. Hubo recorrido de carruajes por la Ciudad, pero no tuvo un efecto favorable sobre la población. Habrá que esperar a 1936 para que esas raíces hagan brote fecundo en el pueblo y acompañen los festejos desarrollados en torno a la industria madre, tal como la denominan los periodistas de los principales diarios de la Provincia.

Al respecto, de la compilación editada a iniciativa de la organización de Naciones Unidas para la Cultura (UNESCO), surge que las fiestas tradicionales, en especial las de fin de cosecha, son celebraciones que plantean una cierta experiencia del ámbito y del tiempo del encuentro entre los miembros de una comunidad, en un proceso de reafirmación del sentimiento de colectividad (Norden, 2009). Sin embargo, también manifiesta que en épocas contemporáneas, estas festividades “se han desembarazado de la mayor parte de las funciones que les dieron origen /…/: fragmentación simbólica de los ciclos anuales; demarcación de los tiempos de ocio-trabajo; actividades comerciales (ferias, romerías) hoy ampliamente cubiertas por la amplia red de comercio cotidiano[3]” que atentan contra el tiempo esperado del encuentro.

La situación de olvido de las antiguas funciones ancestrales de las celebraciones ocurre, en gran medida, porque en la sociedad actual son frecuentes los momentos dedicados a la diversión mediante un abanico de posibilidades para que los individuos se encuentren cotidianamente. De manera que, en un sentido profundo, para el hombre contemporáneo ya no tienen sentido los festejos tradicionales, puesto que se ha perdido la significación ritual de los encuentros y las representaciones (Köpping, Leistle and Rudolph, 2006): /…/“Si antes la dispersión geográfica y la dificultad para desplazarse convertía a estas fiestas en tiempos esperados para el encuentro, ahora este mismo aislamiento se da dentro de nuestro mundo más urbano, en donde el fuerte individualismo que caracteriza nuestras sociedades se ve paliado por la imagen de comunidad recreada que activamos al participar colectivamente en dichos rituales[4]”.

La elección de la Reina Nacional de la Vendimia fue cambiando a lo largo de los 81 años de festejos. Si bien, dice (BELEJ, 2005) “las mujeres que participan de la fiesta compiten en un concurso”, será ganadora la que más se acerque al canon del momento, con el tiempo, la elección fue mutando de reinas cosechadoras hacia la elección de una joven dedicada a otras tareas, estudios universitarios, conocimiento de idiomas y, alejadas en su mayoría de las fincas y las viñas, carentes en general de conocimientos de las actividades de las cosechas.

Fiestas y festivales como patrimonio ‘inmaterial cultural’ de una comunidad

En América Latina, las publicaciones que pueden registrarse, en su mayoría se orientan a la identificación de las particularidades de cada fiesta, principalmente en relación a las celebraciones de las comunidades de los pueblos originarios como formas del patrimonio inmaterial de estos. Debemos tener en cuenta que una fiesta o celebración, como tal, pertenece sin dudas a la categoría de dimensión inmaterial de las sociedades humanas.

Aquí, lo “inmaterial” representa una noción en parte diferente de aquellas que han sido propuestas en las definiciones clásicas de cultura, puesto que da lugar a los saberes locales, a las artes tradicionales y a los conocimientos artesanales (muchas veces transmitidos tácitamente); inclusive, este concepto recupera las manifestaciones culturales de los grupos marginales o periféricos de una comunidad histórica (Giguère, 2006).

De manera coincidente, los especialistas de UNESCO, en un conjunto de documentos liminares sobre el tema consensuados en sus aspectos principales con representantes de diversos países del mundo, consideran que el concepto de ‘patrimonio cultural inmaterial’ se refiere a: “/…/ las prácticas, representaciones, expresiones, conocimientos y experiencia, transmitido de generación en generación dentro de una comunidad, creados y transformados continuamente según el entorno, la interacción con la naturaleza y la historia y les da un sentido de identidad y continuidad, contribuyendo a promover el respeto por la diversidad cultural y creatividad humana[5]” .

A tono con lo propuesto tanto por Giguere como por UNESCO la Fiesta de la Vendimia “concentra el interés y la participación de todos los integrantes ligados a la producción vitivinícola: bodegueros, propietarios de viñedos, comerciantes, trabajadores y trabajadoras y el Estado como promotor de la industria[6]”.

Hay tres conceptos relacionados: patrimonio, cultura e inmaterial. El "patrimonio” implica una transmisión de saberes de generación en generación; "cultura", ya que proporciona a las comunidades un sentido de identidad y continuidad en la recreación constante de saberes y experiencias; e "inmaterial" porque se transmite por imitación e inmersión en una práctica y no necesariamente se materializa en un lugar donde se producen objetos. Por tal razón, la importancia del patrimonio cultural inmaterial no reside sólo en la manifestación cultural misma, sino además en el hecho que representa simbólicamente la riqueza de un conocimiento y de un saber-hacer transmitido de una generación a otra (UNESCO, 2003b).

El patrimonio cultural inmaterial, según UNESCO, (2003a) necesita de cuidados especiales, también desde las políticas públicas, en parte porque es frágil, pero sobre todo porque es un factor clave para el mantenimiento de la diversidad cultural y de la potencialidad del desarrollo económico y social de estos grupos, frente al proceso de mundialización creciente que tiende de suyo a la homogeneización.

En suma, la importancia del patrimonio cultural inmaterial radica en los siguientes rasgos:

La institucionalización de la Fiesta Nacional de la Vendimia

En el léxico de las ciencias sociales, la institución representa, al decir de Gallino (1995), el conjunto de costumbres, valores y normas que regulan y definen de manera duradera y –más allá de la identidad de las personas individuales–, las relaciones sociales y los comportamientos recíprocos de un grupo de sujetos cuya actividad se dirige a conseguir un fin socialmente relevante. Las instituciones están, en este sentido, históricamente condicionadas y, a su vez, son parte de la estructura que estipula y restringe los comportamientos sociales.

La noción central de “institución” sufrirá, asimismo, un deslizamiento semántico desde una fundamentación centrada en la institución como hábito a otra más compleja basada en las reglas de juego. El sostenimiento ininterrumpido de los festejos vendimiales a lo largo de 81 años, manteniendo la estructura ordenada desde la administración del Gobernador Cano, en 1936, nos demuestra justamente a esa institución basada en las reglas del juego impuesta por el Decreto 87 del mismo año. El historiador económico Douglass North (1994) manifiesta que estas reglas son restricciones, de carácter formal (leyes, constituciones) o informales (normas de conducta, convenciones) que actúan sobre la interacción humana, otorgando una estructura a la conducta.

Recordamos que existen muchas versiones de institucionalismo. En algunos casos, la diferencia entre las perspectivas se da porque una disciplina actúa como dominante. De este modo, hay un institucionalismo económico (Bosch, 2004); otro institucionalismo político (Lowndes and Roberts, 2013); otro orientado a los estudios internacionales (Rixen et al., 2016); e inclusive, recientes trabajos realizados desde una perspectiva de institucionalismo histórico (Fioretos et al. 2016).

A los fines de la elaboración del presente trabajo, lo destacable es si consideramos que existe un acuerdo suficiente entre los diferentes institucionalismos, como para que surja un fundamento común entre ellos. En particular, nos interesa evaluar la posibilidad de que se plantee una perspectiva institucional básica que sirve a los propósitos de una historia institucional. La respuesta es que sí, que más allá de los debates al interior de los institucionalismos, lo importante es que hay un consenso generalizado sobre la centralidad de las instituciones, considerándolas uno de los principales factores explicativos del comportamiento de una sociedad.

Esta perspectiva de elementos en común nos permite inferir que hay un conjunto de preguntas idénticas que incluyen: la definición de instituciones; la forma en que han surgido y desarrollado; cómo cambian a lo largo del tiempo; cómo interactúan individuos e instituciones; y si puede hablarse de la naturaleza o rasgos de una "institución" competente.

El institucionalismo, entonces, nos ha representado una renovación en el campo de las ciencias sociales, siendo ésta la concepción de que el hombre no sólo está confinado en los marcos institucionales, sino que su ser social está “ontológicamente” –al decir de Geoffrey Hodgson– constituido por instituciones (Hodgson, 2007). Y esta afirmación se encuentra en el núcleo de los desarrollos de la “historia institucional”.

La Fiesta de la Vendimia tiene entonces raíces en un festejo estatal transferido al pueblo con un formato específico y una comunidad imaginada, en la cual la tradición es sostener una multiplicidad de festejos en torno a los cuales los actores sociales e identifiquen como parte de una comunidad históricamente vitivinícola “desde siempre”. Por lo tanto, nos surgen los siguientes interrogantes: ¿cuál es el mito fundante de la Fiesta de la Vendimia? ¿Debe colocarse en la labor de los inmigrantes finiseculares que llegaron como mano de obra a trabajar en las fincas mendocinas con la producción de la uva/vino; es necesario buscarlo en el desarrollo tecnológico de los huarpes y sus acequias para riego; estará latente en los cosechadores y cosechadoras que día a día recorren las hileras recogiendo los racimos; o se debe ubicar en los propietarios de viñas, comerciantes y bodegueros, ligados a la producción vitivinícola? Será, tal como Gabriela Vásquez (en prensa) dice “¿la Fiesta de la Vendimia fue siempre más vivida que pensada?”

“Historia Institucional” de la esfera cultural pública

Hemos señalado los elementos en común que se dan entre las perspectivas institucionalistas. Sin embargo, la característica central que distingue a la historia institucional de otras perspectivas institucionalistas es la dimensión temporal de la institucionalidad histórica y su contextualización histórica; esto es, que la comprensión de una institución requiere un análisis de los orígenes y el desarrollo de la misma (y de sus políticas) a lo largo del tiempo (Rixen et al 2016: 11-12). Por tales razones, desde este análisis damos prioridad a la aparición y el desarrollo de las normativas que dan origen y dotan de funcionalidad a los diversos organismos, oficinas y agencias como entidades jurídico-políticas del Estado.

Resta aclarar que la perspectiva de la “Historia Institucional” mantiene la convicción de que deben elaborarse explicaciones institucionales según niveles de análisis (internacional, nacional, provincial, etc.), de manera que las políticas culturales, por ejemplo, deben situarse en una determinada escala de observación.

En la variante del “institucionalismo histórico” (Fioretos et al. 2016), planteamos el estudio de cómo los procesos y eventos temporales influyen en el origen y la transformación de las instituciones que gobiernan las relaciones políticas y económicas a lo largo del tiempo.

El institucionalismo histórico ha crecido considerablemente en las últimas dos décadas por su potencial de investigación sobre la institucionalidad histórica en una gama amplia de temas en el estudio de la política comparativa. En efecto, el institucionalismo histórico facilita, asimismo, la aplicación de métodos comparativos, puesto que con su metodología se pueden reconstruir a lo largo del tiempo el comportamiento y los patrones de conducta en un área determinada de una política institucional (Steinmo et al., 1992). Llevado al tema de la investigación específica, podemos indicar que su aplicación permite el seguimiento, por ejemplo, de las políticas culturales de organismos del estado en relación a festivales y acerca de las políticas de conmemoración.

En la Fiesta Nacional de la Vendimia específicamente, encontramos que desde la cartera de Cultura el presupuesto solicitado año a año es un territorio de disputa puesto que la puesta en marcha de la fiesta es costosa e involucra el uso de un gran porcentaje de ese presupuesto. Ahora bien, no es nueva la temática, al respecto podemos ver como en el año 1956 desde el Diario los Andes reclamaban al gobierno (de facto) la falta de información sobre la realización de la Fiesta del año siguiente:

“Hasta el momento no se ha dado información concreta respecto a los preparativos de la Fiesta de la Vendimia, y ese silencio pareciera indicar que en 1957 puede repetirse idéntico caso al de 1956, en lo relativo a la celebración de esos actos. Nos hallamos a menos de cuatro meses de la fecha regularmente fijada para el desarrollo de un espectáculo de amplia exteriorización popular, que ininterrumpidamente vino realizándose hasta el año anterior, desde 1936” (Diario Los Andes: 28/11/1956).

Volverá a suceder en 1959, 2002 cuando la situación económica apremiaba a la provincia y a la Nación.

¿Por qué hablamos de “Historia Pública” en la Fiesta Nacional de la Vendimia?

El enfoque de “Historia Pública” (Ashton, 2009; Liddington, 2002) nos permite entender cómo la esfera gubernativa difunde y transmite el conocimiento histórico hacia el público no especializado. Esta labor se realiza mediante el accionar de museos, bibliotecas públicas, archivos, eventos culturales (fiestas, celebraciones y festivales), plazas y espacios comunitarios, muestras conmemorativas, espacios de la memoria, etc. Al respecto afirmamos que la historia pública sugiere la representación del pasado, a través de la intersección de las diversas dimensiones de la historia para el público y la historia con el público (Da Silva Soares et al., 2017).

En la práctica, se genera una selección arbitraria de los acontecimientos históricos y de los sujetos históricos participantes. Al mismo tiempo, detectamos visiones del mundo y “sistemas axiológicos” por la forma en que estos acontecimientos son exteriorizados mediante eventos culturales, generalmente masivos y orientados al público amplio. Por esta razón, este enfoque buscar comprender tanto la visión como la ponderación general que de los períodos históricos detentan ciertos grupos, quienes se encuentran en la cúspide de los procesos de formulación de políticas de representación, registro e historización.

El enfoque de historia pública formula, también, el estudio de la relación propuesta por las políticas culturales del poder político entre: 1) acontecimientos históricos fundantes de la identidad; 2) sujetos y grupos sociales relevantes en un proceso histórico; y 3) la difusión popular de la historia, –según lo contemplado en puntos 1 y 2–, sumado a su transmisión (por ejemplo, a través de los festivales públicos).

En este sentido, podemos señalar que las narrativas de la Fiesta Nacional de la Vendimia implican el uso público de la historia, como un factor para la construcción simbólica del poder. Lógicamente, en este proceso podemos constatar una cierta manipulación o tergiversación de la historia según un lenguaje e intereses de clase, lo cual supone la presencia de mecanismos ideológicos y lingüísticos. Esta tergiversación implica –en términos de Chiaramonte (2013)–, una utilización política de la historia.

Usos del pasado y construcción de identidad en los Actos centrales

La Fiesta Nacional de la Vendimia es, al mismo tiempo, una celebración y un espectáculo, armados desde la política cultural pública de un gobierno determinado. La construcción de la identidad y la construcción simbólica del poder están interrelacionados con esos eventos. Los hermanos Sevilla así lo demuestran argumentado que la reina de 1937, Elia Rico, oriunda de Junín, era “una vendimiadora auténtica descubierta entre los viñedos mientras cosechaba[7]” , de esta forma vemos que, el pueblo mendocino no se da un permiso completo de festejarse a sí mismo, sino que recibe un festejo construido y conducido por el gobierno, el que reúne las representaciones simbólicas de la cultura, en sus múltiples formas, construyendo legitimidad desde el momento en que el pueblo lo acepta y se lo apropia.

Nos interesa la identificación de las transformaciones que tienen lugar a lo largo del desarrollo de tantas vendimias junto al análisis del cambio de la importancia que los sucesivos guiones y puestas en escena asignan a cada grupo social o cultural. Es de central importancia la reconstrucción de los eventos históricos puestos como emblemas del pasado mendocino y el análisis del cambio de la importancia que los sucesivos guiones asignan a cada grupo social o cultural, así como acerca del lugar que ocupan en la interpretación histórica los indígenas huarpes, los colonizadores españoles, los “criollos”, los inmigrantes europeos, los viñateros y cosechadores, etc.).

Partimos de la idea que la identidad, según lo manifiestan las festividades y celebraciones de cosecha, es un concepto social e históricamente construido, y que, desde el discurso se construye una cultura identitaria utilizando los espacios sociales y la construcción simbólica del poder. Para cumplir con tal finalidad exploramos las intersecciones de identidad, poder político, esfera pública, discurso, cultura popular y comunidad dentro de los contextos históricos de los eventos (Williams, 1981), a partir de la consideración de los procesos culturales y políticos, enmarcados en la historia de Mendoza. Dicha fiesta es una manifestación cultural en la que, si bien, se da una continuidad histórica, también pueden identificarse elementos de cambio cultural, los cuales responden a transformaciones profundas o a modificaciones en los entornos sociales, políticos y económicos nacionales y provinciales.

Hay un aspecto que rescatamos y es el vínculo que se genera entre las fiestas y celebraciones, por ejemplo la Fiesta Nacional de la Vendimia y la construcción de la identidad social. Más precisamente, se trata de dos dimensiones que son diferentes y, sin embargo, que están interrelacionadas: la construcción de la identidad y la construcción simbólica del poder. No es esta una labor fácil, puesto que deben explorarse las relaciones entre identidad, poder político, esfera pública, discurso, cultura popular, cultura inmaterial y comunidad dentro de los contextos históricos de los eventos, a partir de la consideración de los procesos culturales y políticos, en el marco más amplio de la historia de Mendoza en el período considerado.

Según Jenkins (2008), la identidad se refiere a la comprensión de los individuos en una sociedad política, en términos de quiénes son, normalmente en comparación con otros. Esta labor de análisis simbólico "implica saber quiénes somos, saber quiénes son los demás, ellos. Saber quiénes somos, saber quiénes piensan que somos, y así sucesivamente[8]". El historiador británico también señala que los eventos planificados, en festejos, eventos, festivales y espectáculos públicos juegan un papel importante en la formación y desarrollo de las identidades sociales, ya que tienden a celebrar la esencia de una identidad, construida según la representación que elabora un gobierno en la esfera pública. Por último, permite marcar la transición de una identidad a otra mediante el análisis del discurso que se elabora desde el poder a fin de consolidar un tipo o modelo de identidad.

Aplicado a la investigación concluimos entonces que la identidad, según lo manifiestan las festividades y celebraciones de cosecha, es un concepto social e históricamente construido, legitimando el discurso dominante sobre la identidad cultural apoyado en el poder político.

Es que la identidad social y cultural está inextricablemente ligada a cuestiones de poder tanto como sistemas de valores e ideología.

Reflexiones finales

Nuestra investigación se ocupó del festejo del fin de cosecha, a través de la consideración de la Fiesta Nacional de la Vendimia en la provincia de Mendoza. Esta es, al mismo tiempo, una celebración y un espectáculo, generada desde la política cultural pública de los gobiernos provinciales.

La exploración de la importancia cultural de las fiestas y festivales, por su ubicación dentro de la esfera pública cultural, nos permitió examinarlas como ámbitos desde donde se ha intentado construir la legitimidad del poder político mediante un sentido particular de identidad. Este fenómeno ha sido visible en algunas estéticas y en las narrativas vendimiales. Por tal razón, se plantea la necesidad de profundizar la investigación sobre los textos y guiones de la Fiesta Central.

Concluimos que la Fiesta Nacional de la Vendimia no ha sido, a lo largo del tiempo, un espacio político y social autónomo, sino que es necesario reconstruir los lugares de la verdadera participación de los sectores populares, mediante la ponderación del grado de conservación del patrimonio cultural inmaterial de las diversas comunidades de la provincia.

Esta perspectiva, combinada con un conjunto diversificado de enfoques teóricos y métodos de investigación, y guiada por un razonamiento temático común, coloca la investigación directamente dentro de algunos de los temas más debatidos en las ciencias sociales actuales.

Además, la naturaleza multifacética de los festivales nos permite el análisis y la conexión existente entre las distintas dimensiones (culturales, políticas, económicas). Es preciso que analicemos esta complejidad a través de varios campos de investigación social. En particular, resaltamos la relevancia de los enfoques institucionalistas, los cuales se aplican en diversas disciplinas. De hecho, los enfoques institucionalistas se han vuelto cada vez más influyentes en los últimos años y ofrecen suma utilidad para el análisis político e histórico. En concreto, estos enfoques tienen potencial para iluminar una amplia gama de cuestiones: entre otras, cómo y por qué surgen, se desarrollan y cambian las instituciones; cómo las ideas (culturales, políticas, económicas) se filtran a través de estructuras institucionales en la formación de políticas específicas; y cómo la estructura institucional puede tener efectos deseados en la configuración de los procesos sociales, como sucede con la identidad y la construcción de la legitimidad del poder, etc.; aunque también, puede generar efectos no deseados, lo que llevaría a examinar a la Fiesta Nacional de la Vendimia como un “sitio” histórico para la contestación y el debate democrático.

Concretamente, la historia institucional y la historia pública son herramientas que nos permitieron el estudio de la Fiesta Nacional de la Vendimia, en su evolución histórica y bajo la mirada puesta en los factores de cambio y continuidad de las políticas públicas. Queda para un futuro estudio la elaboración de un abordaje comparativo entre la Fiesta Central y las departamentales, para marcar sus tensiones, en un proceso de iluminación recíproca de semejanzas y diferencias, como así también un análisis de la intervención de los intelectuales de provincia en torno al acto central de la fiesta.

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Notas

[1] Resolución 137/72 del 28 de diciembre de 1972, declaró que a partir del 1973 la Fiesta sería “Nacional”. La firmó Abelardo Mario Campos, Secretario de Turismo de la Nación.
[2] Decreto 87/36 institucionalización de la Fiesta de la Vendimia.
[3] Agudo, Juan. “De rituales festivo-ceremoniales a patrimonio intangible. Nuevas recreaciones de viejas tradiciones”. En: Isadora Norden. Fiestas y rituales X Encuentro para la Promoción y Difusión del Patrimonio Inmaterial de Países Iberoamericanos. Lima, Perú: 2009: 65.
[4] Ibidem, 65-66.
[5] UNESCO. Convention pour la sauvegarde du patrimoine culturel immatériel. Paris, UNESCO, MISC/2003/CLT/CH/14. Recurso digital obtenible en link permanente: http://unesdoc.unesco.org/images /0013/001325/132540f.pdf (2003a).
[6] Belej, Cecilia et al. La más bella de los viñedos: trabajo y producción en los festejos mendocinos. En: Lobato, Mirta Z. Cuando las mujeres reinaban: belleza, virtud y poder en la Argentina del siglo XX. Buenos Aires: Biblos, 2005: 45
[7] Sevilla, Ariel y Fabián. La Vendimia para ver. Secretaría de Cultura, Gobierno de Mendoza: 2016: 17.
[8] Jenkins, Richard.Social Identity. London: Routledge, 2008: 5.
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