DOSSIER

Fotografías y dibujos en los comienzos del Museo de Historia Natural de Valparaíso (1878-1906)

Photographs and drawings in the beginnings of the Museum of Natural History of Valparaíso, Chile (1878-1906)

Fotografia e desenhos nos começos do Museu de História Natural de Valparaíso, Chile (1878-1906)

Photographies et dessins au début du Musée d'Histoire Naturelle de Valparaíso, Chili (1878- 1906)

Фотографии и рисунки в начале Музея естественной истории Вальпараисо, Чили (1878-1906)

Carolina VALENZUELA MATUS*
Universidad Autónoma de Chile, Chile

Fotografías y dibujos en los comienzos del Museo de Historia Natural de Valparaíso (1878-1906)

Cuadernos de historia del arte, núm. 34, pp. 125-161, 2020

Universidad Nacional de Cuyo

Los artículos enviados a la Editorial del Instituto de Historia del Arte, para ser publicados, los autores reservan su derecho de propiedad, pero otorgan a la Editorial del Instituto de Historia del Arte los derechos de impresión y aceptan la difusión tanto en papel, como en internet y en aquellos sitios y/o virtuales de las cuales los CHA formen parte.

Recepción: 22 Abril 2020

Aprobación: 03 Junio 2020

Resumen: Las fotografías y dibujos son parte importante en la reconstrucción de la historia de los inicios del Museo de Historia Natural de Valparaíso a fines del siglo XIX, en Chile. Las imágenes y dibujos presentados en este estudio fueron publicadas principalmente por la Revista Chilena de Historia Natural, creada y dirigida por uno de los directores del Museo, Carlos Porter, quien también realizó otras publicaciones donde la fotografía y el dibujo ocuparon un espacio significativo para potenciar el quehacer naturalista. En este estudio, analizaremos las fotografías y dibujos de la Revista Chilena de Historia Natural y las Breves Instrucciones para la Recolección de objetos de Historia Natural como herramientas que permiten reconstruir la historia de este museo y los intereses naturalistas de la época

Palabras clave: Museo de historia natural de Valparaíso, naturalistas, recolectores, revista chilena de historia natural.

Abstract: The images and drawings presented in this study were mainly published by the Chilean Journal of Natural History, found and directed by one of the Museum's directors, Carlos Porter, who also made other publications where photography and drawing occupied a significant space to enhance the naturalistic activities. In this study, we will analyze the photographs and drawings from the Chilean Journal of Natural History and the Brief Instructions for the Collection of Natural History objects as tools that allow us to reconstruct the history of this museum and the naturalistic interests of the time.

Keywords: Natural History Museum of Valparaíso, naturalists, collectors, revistachilena de historia natural.

Resumo: As fotografias e desenhos são parte importante na reconstrução da história dos inícios do Museu de História Natural de Valparaíso a fins do século XX, no Chile. As imagens e desenhos apresentados neste estudo foram publicados principalmente pela Revista Chilena de História Natural, criada e dirigida por um dos diretores do Museu, Carlos Porter, quem também realizou outras publicações onde a fotografia e o desenho ocupou um espaço significativo para potenciar o quefazer naturalista. Neste estudo, analisaremos as fotografias e desenhos da Revista Chilena de História Natural e as Breves Instruções para a Recoleção de objetos de História Natural como ferramentas que permitem reconstruir a história deste museu e os interesses naturalistas da época.

Palavras-chave: Museu de História Natural de Valparaíso, naturalistas, coletores, revista.

Résumé: Les photographies et les dessins jouent un rôle important dans la reconstitution de l'histoire des débuts du Musée d'Histoire Naturelle de Valparaíso à la fin du XIXe siècle, au Chili. Les images et les dessins présentés dans cette étude ont été principalement publiés par la Revue Chilienne d’Histoire Naturelle, créée et réalisée par l'un des directeurs du Musée, Carlos Porter, qui a également réalisé d'autres publications où la photographie et le dessin occupaient un espace important pour améliorer la tâche naturaliste. Dans cette étude, nous analyserons les photographies et les dessins de la Revue Chilienne d'Histoire Naturelle et les Brèves instructions pour la Collection d'objets d'Histoire Naturelle comme outils qui permettent de reconstruire l'histoire de ce musée et les intérêts naturalistes de l'époque.

Mots clés: Musee d'Histoire Naturelle de Valparaiso, naturalistes, cueilleurs, revue chilienne d'histoire naturelle.

Pезюме: ФотографииирисункиявляютсяважнойчастьюреконструкцииисториисозданияМузеяестественнойисторииВальпараисов конце 19-оговекавЧили. Изображенияирисунки, представленныевэтомисследовании, быливосновномопубликованывЧилийскомжурналеестественнойистории, созданныйинаправленныйоднимиздиректоровмузея, КарлосомПортером, которыйтакжесделалдругиепубликации, гдефотографияирисунокзанимализначительноеместо, чтобыувеличитьнатуралистическуюработу. Вэтомисследованиимыпроанализируемфотографииирисункиизчилийскогожурналаестественнойисторииикраткиеинструкциидляколлекцииобъектовестественнойисториикакинструменты, которыепозволяютнамреконструироватьисториюэтогомузеяинатуралистическиеинтересытоговремени.

Ключевые слова: Музей естественной истории вальпараисо, натуралисты, собиратели, чилийский журнал естественной истории.

Las fotografías y los dibujos constituyeron una herramienta importante para conocer, en parte, las colecciones existentes en los primeros años de formación del Museo de Historia Natural. También cumplieron un rol educativo en los impresos que instruían a los naturalistas sobre la recolección de objetos naturales. En la Revista Chilena de Historia Natural, —fundada por el director del Museo de Valparaíso, Carlos Porter (1867-1942), quien también fue su principal redactor— podemos encontrar dibujos y fotografías relativos a la Institución y su campo temático. Gracias a la importancia de las imágenes en esta revista, hoy es posible visualizar las piezas entonces existentes en el museo, así como también el papel de la recolección naturalista con anterioridad al terremoto e incendio que afectó a la institución en 1906 y que significó la destrucción de casi la totalidad de las colecciones. De alguna manera, gracias a las fotografías y los dibujos, el museo ponía en valor las actividades allí realizadas en pos de su desarrollo, reafirmándose este como un espacio destinado a detener las leyes inexorables del tiempo y de la destrucción[1].

En la primera parte de este estudio, analizaremos brevemente la historia del Museo de Historia Natural de Valparaíso, para luego abordar la importancia de las fotografías y dibujos en la Revista Chilena de Historia Natural y las Breves Instrucciones para la recolección de objetos de historia natural (1903), escrita por Carlos Porter.

Esto nos permitirá establecer el papel de las imágenes en la reconstrucción de la historia de las colecciones, así como de las actividades recolectoras propiciadas desde el Museo con anterioridad al incendio de 1906.

1) El Museo, un espacio de conocimiento científico para la comunidad de Valparaíso

El Museo de Historia Natural de Valparaíso fue fundado en 1878 por el literato, político y diplomático chileno Eduardo de la Barra (1839-1900) con el apoyo de destacados personajes públicos de la ciudad como Federico Varela, Agustín R. Edwards, Vicente Santa Cruz, Enrique von Dessauer, Edwyn Reed o Francisco Echaurren, entre otros. El Museo, que incluía una biblioteca científica con libros especializados, tenía como propósito albergar las producciones naturales de la región y posicionar a la sociedad porteña dentro del concierto de las comunidades civilizadas, proporcionando a los extranjeros que visitaban la ciudad, la posibilidad de conocer las especies naturales locales. Así lo expresa Eduardo de la Barra en la siguiente carta:

“Valparaiso,............................. de 1878.

Distinguido señor:

El grado de cultura a que ha llegado Valparaiso, hace echar de menos ciertas instituciones, hoi comunes en los países civilizados. Entre éstas, contamos en primera fila el Museo de Historia Natural, donde el extranjero que visita nuestras playas, deseoso de conocer las producciones del país, encuentre acopiadas las muestras de nuestra riqueza natural; […].”[2]

Para la elite local, la formación de un Museo se vinculaba a un proyecto nacionalizador, que representaba el control de la naturaleza del territorio, manifestado en las colecciones naturales que puede encerrar un Museo de Historia Natural, pero constituía también un centro de educación. En general, el Museo de Valparaíso, cumplía con la triple función que puede reconocerse en los Museos de Historia Natural del siglo XIX: un lugar de depósito de las colecciones del mundo natural, acumulación de tesoros y de adhesión a valores políticos y científicos; un ámbito de trabajo para los naturalistas, centros de investigación para ordenar y descifrar el mundo natural y escenario donde se mostraban las maravillas de la naturaleza[3]. Por otra parte, en esta época, las prácticas coleccionistas y el estudio de la historia natural se consideraban beneficiosas para forjar el carácter del individuo, cultivando la simplicidad y el autocontrol[4]. De esta manera, la práctica de la historia natural se vinculaba a la formación en valores de la juventud y el museo aunaba todas estas prácticas benéficas para la sociedad, convirtiéndose también en un reflejo de los beneficios que el progreso podría traer a una ciudad pujante como Valparaíso. Para Eduardo de la Barra, “el rango de una ciudad se medirá por la cantidad y calidad de sus instituciones científicas[5], motivo que justificaba la formación de una institución de estas características en la ciudad-puerto.

Eduardo de la Barra era por aquel entonces rector del Liceo de Hombres de la ciudad, por tanto, el Museo comenzó a funcionar en las dependencias del Liceo, perteneciendo administrativamente a este hasta 1897. Una característica similar encontramos en Concepción, cuyo primer Museo nació, en 1902, al alero del Liceo de Hombres de esa ciudad[6].

El entusiasmo generado por el proyecto del Museo de Valparaíso se materializó rápidamente en donaciones y los primeros objetos en llegar fueron:

“400 muestras de minerales de Atacama, muestra geológicas de Europa, plantas, insectos, fósiles, crustáceos, mamíferos, mil aves, veinte mil insectos, peces, un puma (león chileno), varios buitres”[7].

Se recibieron también animales vivos que, por falta de un lugar donde albergarlos, fueron enviados al zoológico de Santiago[8]. Entre los animales exóticos disecados donados destacan especies tan variadas como un mono araña de Brasil, lémures, monos del antiguo continente (Chimpancé y orangután). Se registra también un coatí procedente de Panamá obsequiado al Museo en 1882 por la señorita Cristina Garay. De Europa, hay un zorro, un tejón y un lobo ingresado en 1880. A esto se suma un Leopardo, un lince macho y un ocelote, ingresados en 1881, junto con un león africano y una ardilla europea, ingresada en 1878[9].

Estas primeras donaciones parecerían no siempre reflejar esta intención de priorizar las especies regionales, al tratarse en su mayor parte de especies exóticas extranjeras, sin embargo, el objetivo de incorporar especies nacionales se fue alcanzando progresivamente hacia finales del siglo XIX y, tras el desastre que supuso el incendio del Museo, se concretó efectivamente hacia el siglo XX, gracias al destacado trabajo del taxidermista José Carpeneto Corsiglia quien, entre 1928 y 1971, formó una de las colecciones de aves regionales más grandes del país[10].

En los primeros años, los esfuerzos de la institución estuvieron dirigidos al acopio de objetos para incrementar las escasas colecciones existentes mediante compra de piezas, canje y donaciones tanto dentro de Chile como desde el extranjero. En este contexto, la recolección naturalista constituyó un medio muy efectivo para el incremento de las colecciones, especialmente en un momento fundacional donde las principales contribuciones para su sustento provenían de los particulares. Por tanto, fue frecuente que los naturalistas que participaron en la gestión del Museo de la ciudad, como Edwyn Reed, Clodomiro Pérez o Carlos Porter, organizaran excursiones en la región, y también a lo largo del país, con el fin de aumentar las colecciones de ejemplares de flora y fauna chilena.

Fig. 1.
Fig. 1.
Fig. 1.

No obstante, con anterioridad a la aparición de la Revista Chilena de Historia Natural, pareciera que los testimonios gráficos de las primeras colecciones del Museo en su etapa fundacional son escasos. De hecho, aunque las referencias al Museo de Valparaíso son frecuentes en la prensa local, como El Mercurio de Valparaíso, durante el tiempo en que se ha realizado esta investigación no se ha encontrado, hasta el momento, un número importante de fotografías en la prensa local que contribuyan a construir la historia de las colecciones en estos primeros años, aunque previo a los años de fundación del Museo, ya había importantes imágenes de la ciudad tomada por fotógrafos y daguerrotipistas desde la llegada de la fotografía a Chile, y concretamente a Valparaíso, en 1840[11]. Desde los comienzos de la fotografía, destacados científicos como la británica Anna Atkins (1799-1871) pusieron de relieve el excepcional potencial de la fotografía en los libros de Ciencia. La fotografía no solo se utilizó para retratar la naturaleza, ya que también esta se convirtió en un método de campo para estudiar los rasgos característicos de los nativos durante el siglo XIX y principios del siglo XX[12].

Desde los primeros números de la Revista Chilena de Historia Natural encontramos una importante cantidad de imágenes y dibujos relacionados con la Institución, que pasaría a constituir una fuente gráfica muy relevante para el conocimiento de la historia del Museo de Valparaíso y especialmente de la exhibición de sus colecciones y la disposición de los objetos (fig. 1). Este proceso coincide con la aparición de los fotógrafos de instantáneas, que reúne a gran parte de los aficionados y a los que trabajaban para diarios y revistas, grupo creciente que se denominará posteriormente reporteros gráficos[13].

Fig. 2
Fig. 2
Fig. 2

2) Fotografías y dibujos en la Revista Chilena de Historia Natural

La Revista Chilena de Historia Natural (fig. 2) constituye una fuente muy valiosa para la reconstrucción de la historia del Museo en su etapa formativa, proporcionando importantes fotografías y planos (fig. 3) que nos permiten conocer la disposición de las salas y de los objetos naturales y etnográficos en exhibición (fig. 4 y fig. 5), un aspecto esencial para comprender la organización de un Museo a principios del siglo XX, en cuyos espacios coexistían los objetos naturales y los objetos etnográficos en un proceso de paulatina especialización que se incrementará a lo largo del siglo. Por otra parte, la fotografía de las salas y los objetos allí alojados, serán uno de los pocos testimonios, junto a la Guía del Museo y los Inventarios, que nos pueden dar una idea de las colecciones exhibidas (fig. 6) con anterioridad al terremoto y posterior incendio de 1906, que destruyó por completo el establecimiento.

Fig. 3
Fig. 3
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Fig. 4
Fig. 4
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Fig. 5
Fig. 5
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Fig. 6
Fig. 6
Fig. 6

Fig. 7
Fig. 7
Fig. 7

En la revista, hay un espacio para los dibujos naturalistas (fig. 7). Estos dibujos, tanto los zoológicos como botánicos, tuvieron una vocación de fidelidad y precisión, consiguieron el hiperrealismo de la naturaleza como una herramienta útil a los investigadores. Los dibujos científicos se llevaban realizando desde el Renacimiento, suponiendo una revolución en el mundo de las ciencias al emprenderse el estudio minucioso “del universo material y de la naturaleza humana por medio de hipótesis y experimentos, que se esperaban condujesen a la novedad y al cambio”[14]. Este tipo de dibujo cobró importancia en el contexto de la revolución científica donde las ilustraciones botánicas se convirtieron en verdaderos documentos de autoridad[15]. Lorraine Daston denomina a estos documentos como imágenes epistémicas donde, se eleva la importancia de lo visto como un medio de conocer la naturaleza en la temprana modernidad europea. Todas las imágenes científicas, más o menos informativas o más o menos exactas, eran imágenes que aspiraban a más. En los ojos de sus hacedores y usuarios no solo eran la representación de la naturaleza, sino que eran la naturaleza misma[16].

Durante el siglo XVIII, los exploradores españoles estuvieron dedicados a la producción de enormes y elaboradas colecciones de ilustraciones botánicas: “las láminas y sus descripciones deberían formar parte de elegantes y costosas publicaciones, una imagen visible de los logros de las expediciones y de la soberanía de España. En efecto, todos los grandes soberanos, desde los Medici y Habsburgo hasta los Borbones, reunieron colecciones iconográficas de objetos naturales”[17].

De acuerdo a Nieto Olarte (2019), la representación gráfica permitía simplificar la complejidad de la naturaleza, domesticarla, hacerla inteligible. Las especies tenían que ser “empacadas” y “estabilizadas” para ser presentadas en Europa como nuevos descubrimientos. Posteriormente, estas piezas eran examinadas dentro del gabinete, herbario o Museo, “donde el botánico asumiría una posición central y privilegiada que le permitiría tener una “experiencia directa” de un número de objetos que nadie podría haber examinado en el campo. En su mayoría, los dibujos nunca fueron realizados en el campo y, generalmente, fueron hechos teniendo como modelos ejemplares recolectados y separados de su hábitat natural. Esto quiere decir que el ilustrador botánico no tenía que ver la planta en su medio natural ni tampoco la planta completa”[18]. La constante movilidad de los viajes[19] hacía imposible dibujar varios especímenes al mismo tiempo, por tanto, el artista trazaba las líneas principales de la planta, marcaba los colores y hacía los bosquejos de las características esenciales para que una versión más elaborada pudiera terminarse en un gabinete o en una imprenta. Herederos de esta tradición, los naturalistas de fines del siglo XIX y principios del XX siguieron realizando dibujos científicos y enseñando las ciencias naturales en base a estos. Para el caso de estudio, la Revista Chilena de Historia Natural se convierte en un órgano divulgativo de estas actividades.

En la primera mitad del siglo XIX, se produce la revolución litográfica, una técnica utilizada en innumerables ilustraciones coloreadas a mano y que acercó a la ciencia a un mayor número de personas (Iborra y Flores 2013). Las fotografías y dibujos publicadas por la Revista Chilena de Historia Natural también tenían la intención de acercar al gran público a la Ciencia y a la labor que los naturalistas estaban realizando en el país, ejemplo de ello es la sección Galería de los Naturalistas de Chile, que en cada número proporcionaba la biografía de un naturalista destacado con su respectiva fotografía (fig.8) constituyendo un medio para acercar visualmente a los lectores de la revista a aquellos científicos destacados en Chile y en el extranjero. Junto a los interesantes artículos científicos y a las redes colaborativas que se evidenciaban en cada uno de los escritos y notas, la revista contenía un Boletín del Museo, donde se registraban las donaciones, las visitas, canjes de libros, así como el incremento de las colecciones por secciones y los informes al Ministerio de Instrucción Pública, aspectos que incrementan su valor como fuente documental.

Fig. 8
Fig. 8
Fig. 8

3) Enseñar a través de las imágenes: Breves Instrucciones para la Recolección de objetos de Historia Natural

Por otra parte, la Revista Chilena de Historia Natural fue un testimonio de la actividad recolectora impulsada por los directores de la Institución en torno al Museo. Este se manifiesta al menos en tres ámbitos: la promoción de la recolección a nivel interno (el equipo del Museo), la recolección de la comunidad (Armada de Chile y jóvenes estudiantes) y la recolección internacional, basada en las donaciones provenientes del extranjero que se apoyaban en redes de colaboración global. Para potenciar la recolección de la Armada, Carlos Porter escribió una Breve Instrucción para la recolección de objetos de Historia Natural (Valparaíso, 1903) (fig. 9), donde los dibujos tuvieron un papel importante para facilitar el reconocimiento de las herramientas de recolección, así como los procedimientos para obtener las especies.

Fig. 9
Fig. 9
Fig. 9

Los directores del Museo hicieron sistemáticamente un llamado a los miembros de la Armada para ser recolectores de objetos naturales. Uno de los más entusiastas en esta tarea es el médico y marino Federico T. Delfín, quien escribió en 1900, instrucciones para la recolección de peces: “Algunas observaciones sobre la colecta, conservación i remisión de peces para los museos”, publicado en la Revista Chilena de Historia Natural. Allí expone que:

“Es necesario desterrar la falsa idea de que los objetos raros y deformes son los dignos de remitir o figurar en un Museo. Hoy deben encontrarse reunida toda la escala de los seres, unidos por orden sucesivo como los eslabones en las cadenas que, si faltan algunas de por medio, el valor que se le asignará al conjunto vendría a ser sin importancia. Naturalmente que los Museos tienen que ir colectando eslabón por eslabón y clasificándolos (las especies) a medida que se obtienen, según un método científico al que debe acompañarse el nombre vulgar con que es conocido en el lugar de orijen. Es por esto que, para que sea más beneficioso el regalo que se le haga de alguna especie u objeto, no se debe olvidar de acompañarlo del nombre vulgar con que es conocido, por más caprichoso que este sea i si es posible del fondo del mar o río en que se ha encontrado, del instrumento con que se ha pescado, del nombre de la localidad i del donador O demás particularidades que se tenga conocimiento”[20].

Federico Delfín enfatiza la importancia de una ordenada clasificación de la especie y sobre todo de reunir la mayor cantidad de información posible referente a la localidad, donador u otra información relevante del objeto recolectado. Carlos Porter, escribió Breves Instrucciones para la Recolección de objetos de Historia Natural a solicitud del capitán de fragata Roberto Maldonado para uso de los jóvenes guardiamarinas que hacían viajes de instrucción y prestaban sus servicios en exploraciones geográficas. Para Porter, los marinos eran los recolectores más idóneos para un Museo, como lo señala en la obra:

Un sabio del Museo de Paris ha dicho que el marino es el, con preferencia, llamado al fomento de los museos, pues que aun los más aficionados i entusiastas por dicho fomento que no son marinos i que sus ocupaciones los mantienen dentro del país i aun siempre en la misma provincia, no podrán sino formar colecciones locales que si bien son utilísimas para el estudio de la fauna, flora i jeolojía del país en que uno habita, siempre hará de la naturaleza, tan variada según la latitud, profundidad, altitud i tantas otras circunstancias que, en nuestro planeta, modifican a cada paso la estructura, los colores, etc., de los seres que lo pueblan[21].

Para Porter, lo esencial en la recolección es “tener buena voluntad”. A eso le seguirá: tomar en cuenta los consejos del instructivo. En este presenta la clasificación de los tres reinos de la naturaleza y una guía para la identificación y preparación específica para cada una de las especies. Incluye también fotografías de las herramientas necesarias para la recolección como redes, frasco de cianuro de potasio, pinzas, lentes de bolsillos, anzuelos, cajas para recoger plantas, martillos, etc, así como dibujos sencillos que permitan instruir al lector sobre el correcto procedimiento de recolección (fig. 10), así como los procedimientos para obtener las especies (fig. 11).

Fig. 10
Fig. 10
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Fig. 11
Fig. 11
Fig. 11

Gracias a estas iniciativas, los miembros de la Armada se convirtieron en importantes benefactores[22]. En sus viajes, los marinos chilenos hicieron llegar una gran cantidad de piezas a la institución porteña y especialmente a la sección zoológica. Entre tales especímenes encontramos: crustáceos, peces, moluscos y aves, entre otras. En este contexto, Pascal Riviale señala que marineros de todas las naciones fueron mordidos por el bichito coleccionista durante aquella época, y esto se aplica también para el caso chileno[23]. De esta forma, las instituciones científicas reconocieron rápidamente el potencial en unos amateurs entusiastas y compilaron compendios para guiarlos en su tarea de recolección con fines científicos. En el Museo de Historia Natural de Valparaíso se identifican a varios miembros de la Armada como donadores regulares:

Donaciones provenientes de miembros de la Armada entre 1899- 1905
Donaciones provenientes de miembros de la Armada entre 1899- 1905
Memoria Presentada al Sr. Ministro de Instrucción Pública por Carlos E. Porter, Santiago 12 de abril de 1899, 12 de octubre de 1899, Memorias al Ministerio de Instrucción Pública en Revista Chilena de Historia Natural, Años 1899- 1905.

Consideramos que la publicación y difusión de manuales como las Breves Instrucciones para la Recolección de objetos de Historia Natural promovió la actividad coleccionistas de los marineros, así como también, a través de las imágenes, proporcionaría las herramientas didácticas para aprender a realizar la recolección y así ordenar estas prácticas en función de los intereses del Museo. Es el momento donde “los naturalistas profesionales centraron su atención en la preparación de métodos y en el desarrollo de reglas para normalizar los procedimientos de recolección y preservación de ejemplares, y de elaboración de etiquetas y notas de campo para salvaguardar la información. Los ejemplares en efecto, han de ser preservados de una manera normalizada para que la información específica pueda ser recuperada más tarde al almacenarse en un museo (López- Ocón, 1999). En este proceso, las imágenes juegan un rol esencial como herramientas didácticas para llevar a cabo un procedimiento correcto de recolección y almacenaje de especímenes para el Museo de Historia Natural de Valparaíso.

Reflexiones finales

Los Museos de Historia Natural constituyeron un espacio de conocimiento científico muy relevante en Chile durante el siglo XIX y XX. En las salas de estos establecimientos se buscaba capturar y preservar la naturaleza y la cultura material de los pueblos nativos. El Museo de Historia Natural de Valparaíso es un espacio que aúna lo local y lo global y que actúa también como un importante centro científico regional donde los naturalistas, además de gestionar el incremento de colecciones, encuentran un espacio para la divulgación de sus investigaciones.

Las fotografías y los dibujos son representaciones esenciales para construir la historia del Museo de Historia Natural de Valparaíso. Por una parte, las imágenes permiten conocer la disposición de los objetos en exhibición y la convivencia entre los objetos naturales y los etnográficos en un momento donde los museos se encaminan hacia una mayor especialización. Las imágenes capturan esos momentos concretos y los preservan del inexorable paso del tiempo y de la destrucción. Tras el terremoto e incendio de 1906, las imágenes son una de las herramientas más significativas para conocer las colecciones que albergaba el Museo en esta primera etapa.

Por otra parte, las imágenes se convierten en herramientas didácticas para promover el interés coleccionista, intención patente en las Breves Instrucciones para la Recolección de objetos de Historia Natural, escrita por Carlos Porter, y dedicada a los potenciales recolectores de la Marina. En este caso, las fotografías y dibujos contribuyen a la sistematización de la recolección naturalista, favoreciendo las donaciones y, por tanto, el aumento de las colecciones del Museo de Historia Natural.

Hoy en día, en el Museo de Historia Natural de Vaparaíso, lo visual tiene más que nunca un papel esencial en su promoción y también en las tareas de divulgación científica que realiza en su comunidad. En pleno siglo XXI, las imágenes permiten acercar cada vez más al público a la Institución, especialmente a los niños y jóvenes, a través de las redes sociales. En este sentido, el Museo ha venido realizando una labor de difusión exitosa en los últimos años, que asegura el conocimiento histórico de la Institución durante este siglo. No obstante, se hace necesario seguir reconstruyendo y reflexionando, mediante las fotografías y los dibujos, sobre la historia de los primeros años de esta institución porteña.

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Notas

* Profesora de Historia y Doctora en Estudios del Mundo Antiguo por la Universidad Autónoma de Madrid. Investigadora académica del Instituto de Estudios Sociales y Humanísticos de la Universidad Autónoma de Chile. Esta investigación es parte del proyecto FONDECYT INICIACIÓN Nº 11170033 Antigüedades y naturaleza: la circulación interoceánica de objetos en los primeros gabinetes de historia natural como estrategia de posicionamiento de la Ciencia en Chile.
1 Podgorny, Irina y Lopes, María Margarita, El desierto en una vitrina: museos e historia natural (México: Limusa, 2008).
2 Carta impresa de Eduardo de la Barra para diversas personalidades con motivo de Fundación del Museo, 1878, en: Henríquez Soto, Claudio, Vivar Morales, Andrea y Pérez Gutiérrez, Ruth, Museo de Valparaíso… sus inicios (Valparaíso: Dibam/Subdirección Nacional de Museos/Museo de Historia Natural de Valparaíso, 2016), s/p.
3 López-Ocón, Leoncio, “Los museos de historia natural en el siglo XIX: templos, laboratorios y teatros de la naturaleza”, en: Arbor (CLXIII, 643-644 julio-agosto, 1999), p. 411.
4 Schell, Patience, “Natural history values and meanings in nineteenth- century Chile. Notes and Records”, (Royal Society Publishing, 2018) pp. 1-25.
5 Henríquez Soto, Claudio, Vivar Morales, Andrea y Pérez Gutiérrez, Ruth. op.cit, s/p.
6 En alguna medida, visualizamos también esta estrecha conexión entre el Liceo de Hombres de La Serena (actualmente Liceo Gregorio Cordovez), el segundo más antiguo del país, con el Museo Arqueológico de dicha ciudad, convertido en un espacio de conservación de muchos objetos del Liceo a lo largo del tiempo. Entrevista personal prof. Alejandra Rojas. 30 agosto 2019.
7 Carta de Eduardo de la Barra, en: Henríquez Soto, Claudio, Vivar Morales, Andrea y Pérez Gutiérrez, Ruth. op. cit, s/p.
8 “El Museo recibió varios animales vivos: un cóndor domesticado, un gato montés, dos leones nuevos de las sierras bolivianas, varias codornices y cauquenes, (sic) un avestruz, un guanaco, un huemul, una llama, una alpaca, una vicuña y algunas chinchillas”. Henríquez, Vivar y Pérez, 2016.
9 Porter, Carlos, Guía del Museo de Historia Natural de Valparaíso (Valparaíso: Taller de San Vicente de Paul, 1898), pp. 11-20
10 Valenzuela Matus, Carolina, Una contribución científica desde la taxidermia. José Carpeneto (1892-1971) y su colección en el Museo de Historia Natural de Valparaíso, (Santiago: Colecciones Digitales. Subdirección de Investigación, Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, 2018). Para ver fotografías y detalles de la biografía, consultar: https://www.mhnv.gob.cl/636/w3-article-86773.html?_noredirect=1
11 Es importante observar que, el hecho de no haber encontrado tales fotografías no significa que en un trabajo más específico de búsqueda pudiera aparecer en un futuro material relevante. Para la fotografía en Valparaíso, véase: Fotógrafos y daguerrotipistas: inicios de la fotografía en Chile https://www.mhn.gob.cl/sitio/Contenido/Colecciones-digitales/9483:Fotografos-y-daguerrotipistas-inicios-de-la-fotografia-en-Chile
12 De acuerdo con la autora, las fotografías forman parte de discursos ideológicos y en algunos casos, se utilizan para reafirmar las estrategias discursivas de la época que marcaron a los sujetos indígenas como mano de obra de fácil acceso (REINERT Kathrin. “Saber e imaginación. Fotografías científicas de los legados de Uhle y Lehmann- Nitsche”, en: Sanhueza, Carlos (ed.) La movilidad del saber científico en América Latina, Objetos, prácticas e instituciones (siglos XVIII al XX) (Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 2018) pp.149-168. Se mantiene así lo que sostienen Alegría, Gänger y Polanco respecto a la inmovilidad del indígena para la ciencia de la época: “Existe cierta correspondencia entre la práctica que niega a los indígenas en el presente y futuro con la negación de su pasado, donde se instala la arbitrariedad de su constitución no humana sino natural. De ahí que tanto el museo como las instituciones patrimoniales visualizan y someten al poder los cuerpos indígenas expuestos, ya sea como instrumentos de barbarie, diversión y/o ciencia” Alegría, Luis, Gänger, Stefanie, Polanco, Gabriela, “Momias, cráneos y caníbales. Lo indígena en las políticas de “exhibición” del Estado chileno a fines del siglo XIX”. En: “Nuevo Mundo. Nuevos Mundos”, disponible en https://journals.openedition.org/nuevomundo/53063 (en línea: 2019), s/p.
13 Rodríguez, Hernán, “Historia de la fotografía en Chile, 1840-1911. Registro de Daguerrotipistas, fotógrafos, reporteros gráficos y camarógrafos”, en: Boletín de la Academia Chilena de la Historia (Santiago de Chile: La Academia, Año LII, nº 96, 1985), pp. 183-340.
14 Iborra, J.M; Flores, M. “El dibujo científico. Introducción al dibujo como lenguaje en el trabajo de campo”, en: VAR (Valencia: Universidad Politécnica de Valencia, vol. 4, nº 9, 2013) p.132.
15 De acuerdo con Iborra y Flores: “Entre arte e ilustración permanece una discrepancia de fondo, pertenecen a esferas cognitivas diferentes. En la ilustración, la representación del objeto es un punto de llegada hacia donde dirigir la “explicación” a través de una imagen, del sujeto representado, en el arte lo que se quiere captar es la expresividad que se revela a través del objeto que se va a representar. En la Ilustración científica el objetivo gnóstico fundamental, es el dato; en el arte es la sensación sugestiva. En la Ilustración Científica se sacrifica la sugestión por amor a la claridad; en la imagen artística se sacrifica la claridad por amor a la sugestión” Iborra, J.M; Flores, M. op. cit, p.134.
16 DASTON, Lorraine. “Epistemic Images”, en: PAYNE, Alina (ed.) Instruments. Art, Science and Technology in Early Modern Europe (Pennsylvania: Pennsylvania State University, 2015).
17 Nieto Olarte, Mauricio. Remedios para el Imperio. Historia Natural y la apropiación del Nuevo Mundo (Bogotá: Uniandes, 2019), p. 37.
18 Ibidem, p. 40.
19 De acuerdo a Daniela Bleichmar (2012), entre 1777 y 1816, varias expediciones botánicas cruzaron el vasto imperio español en proyectos ambiciosos para conocer la flora de gran parte de las Américas, el Caribe y las Filipinas. Estos viajes produjeron numerosas descripciones textuales y compilaron colecciones de especímenes para el Real Jardín Botánico y el Real Gabinete de Historia Natural de Madrid. Estos expedicionarios dedicaron una asombrosa proporción de sus recursos y energías a la creación de material visual.
20 Delfín, F. T., “Algunas observaciones sobre la colecta, conservación i remisión de peces para los museos”. En: Revista Chilena de Historia Natural (Santiago: Sociedad Biológica de Chile, año IV, núm. 8, 1900), pp.148-149.
21 Porter, Carlos, Breves Instrucciones para la Recolección de objetos de Historia Natural, (Valparaíso: Imprenta Gillet, 1903).
22 “Los miembros de la Armada Nacional, señores Francisco E. Nef, Federico T. Delfín, Tomas Green i Miguel Díaz, han contribuido con envíos de objetos importantes obtenidos en sus viajes”. Porter, C. “Sección Zoológica”, en: Revista Chilena de Historia Natural, (Valparaíso: n. 6, 1902), p. 14.
23 Mariners from all nations were bitten by the collecting bug. Captain Evan Nepean of the Royal Navy, for instance, followed in Dunamour’s footstep and collected antiquities from the Isles of Sacrificios (his collection was donated to the British Museum in 1844). Some of the very early Peruvian collections brought to Europe in the first part of the nineteenth century were gathered by mariners, as well as diplomats, engineers, and merchants (Riviale Pascal, “Europe Rediscovers Latin America: Collecting Artifacts and Views in the First Decades of the Nineteenth Century”, en: Bleichmar, Daniela y Mancall, Peter (eds.) Collecting across cultures. Material exchanges in the early Atlantic World, (Philadephia: University of Pennsylvania Press, 2011), p.261.

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