La idea de este
dossier nace de un Panel propuesto por la Red Intercátedras de Antropología
Filosófica bajo el título: Antropoceno y materialismos: la AF ante los desafíos
de las naturalezas, los cuerpos y las técnicas, llevado a cabo en las
XIV Jornadas de Antropología Filosófica en la Universidad Nacional de Tucumán
en septiembre de 2024.
Resulta de
interés para el campo de la Antropología Filosófica pensar los desafíos que
estas concepciones posibilitan ya que sitúan como eje de la discusión la
centralidad de lo humano, ya sea para cuestionarlo, criticarlo, deconstruirlo.
Invitamos a abrir las discusiones con la tradición antropocentrada a partir de
la reflexión en torno a estos conceptos.
La noción de
Antropoceno nos lleva a pensar lo humano de otra manera, se trata de la época
del mundo en la cual la especie humana ha devenido una fuerza geológica. No hay
acuerdos respecto de la datación de dicho fenómeno, para algunos tiene que ver
estrictamente con las transformaciones que trajo aparejada la revolución
industrial, mientras que otros sostienen que la agricultura extensiva y la
deforestación ya impactaron de una manera sostenida en el ambiente, lo que
llevó a plantear el reemplazo total del Holoceno por el Antropoceno. El término
insta a pensar las implicancias de la acción humana en la vida, en un sentido
amplio. No sólo a partir de la segunda posguerra y con la amenaza de extinción
nuclear como trasfondo, sino también por la contaminación del aire, la
destrucción acelerada de flora y fauna, la acidificación de los océanos, la
extracción de metales y minerales varios del suelo, la incompatibilidad de las
tasas de crecimiento demográfico y presión sobre los “recursos naturales”.
Algunas
corrientes identifican el Antropoceno como una denominación de la fase tardía
del capitalismo globalizado, lo que explica tanto la transformación de todas
las entidades “naturales” en formas de capital -mercancías- más allá de los
límites ecológicos, como asimismo una nueva etapa en la que se hace evidente
que las consecuencias no queridas de su acción proliferan y son incalculables.
Otras perspectivas teóricas argumentan que identificar Antropoceno con
capitalismo constituye una falacia en la medida en que hay una cantidad enorme
de datos que indican que mucho antes de la instauración de dicho sistema de
producción ya nos encontrábamos ante la acción humana devastadora de la mano de
la agricultura, la deforestación y la erradicación durante siglos de grandes
mamíferos en todos los continentes, sumado a la expansión de la humanidad por
todo el planeta. Estos debates también están presentes en autoras como Donna
Haraway y Nancy Fraser, solo para mencionar algunas, quienes abren este
concepto a alternativos como Capitaloceno, Tecnoceno, Plantacioceno y
Chtuluceno, debates que resulta importante abrir como diagnóstico de época.
Es posible
pensar los nuevos materialismos como respuestas a estos diagnósticos que ponen
en el tapete los límites de la vida humana tal como la conocemos, por ello las
líneas de investigación que indagan y problematizan la noción de Antropoceno
suelen converger con aquellas que concentran sus esfuerzos en rastrear,
describir y comprender los sistemas complejos de las diferentes formas de la
materialidad contemporánea.
Ya sea bajo la
forma de materialismos dialécticos o de nuevos materialismos, los modos en que
las naturalezas, las cosas y las técnicas son producidas y/o concebidas han
sido reformulados a partir de sus singularidades del presente.
La importancia
atribuida a lo material abreva en distintas perspectivas. Una es aquella que se
nutre de la tradición del materialismo marxiano, instando a la filosofía a
analizar el carácter producido de lo existente y, sobre todo, esclarecer las
condiciones que hacen posible la injusticia social y la brutal precarización de
la vida de las mayorías. Otra línea tiene que ver con los desarrollos
elaborados por filosofías latinoamericanas, por el pensamiento decolonial y la
filosofía de los pueblos originarios, que ponen el acento no sólo en la
injusticia social producto del capitalismo colonial, sino también en otras
cosmovisiones de la naturaleza opuestas al dualismo extractivista. Estas
tradiciones también denuncian las clasificaciones modernas en torno a la raza,
al género y a la clase, cuya segmentación en humanos y “subhumanos” siguen
siendo parte del proceso de la modernidad colonial capitalista. Otras líneas
teóricas suponen un diálogo interdisciplinario con la antropología, la
geografía, la economía, etc., y proyectan una crítica anticapitalista a partir
de nociones como las de ecología-mundo y brecha metabólica. Otra perspectiva,
en líneas generales, se inspira en un fuerte rechazo del antropocentrismo
ontológico y epistemológico, y busca ampliar el campo de análisis de conceptos
clásicamente atribuidos a lo humano. Así pues, la referencia que podría aunar a
los muy diversos “nuevos materialismos” es aquella que señala que el mundo
contemporáneo se encuentra estructurado y animado por lógicas y dinámicas que
desbordan al ser humano, y que solo es posible realizar un examen y una
problematización relevante del presente en la medida en que se tiene en cuenta
la potencia de actuar y la complejidad de los sistemas no solamente humanos.
Esto supone la inclusión de naturalezas, cosas y técnicas como modos de
existencia que dinamizan la vida común, algo que obliga a reconceptualizar la
manera en que tradicionalmente se entiende una serie de conceptos clave para la
filosofía: teleología, proyecto, agencia, intencionalidad, mundo, etc.
Todo ello
habilita la interpelación en torno a la posibilidad de postular nuevos
humanismos o desde otras perspectivas contemporáneas “posthumanismos”, ya que
justamente se pone en cuestión la centralidad de lo humano tal como fue
concebida sobre todo desde la modernidad occidental. No se trata con ello de
postular el “fin del hombre” ni tampoco el paso a un “super hombre”
emparentando con tecnologías transhumanistas, sino de revisar el privilegio de
lo humano y su constitución dualista tanto en términos de hombre-naturaleza,
agente-paciente, vivo-no vivo, como de tantos otros que han marcado la
cosmovisión moderna-colonial-capitalista.
Algunos
interrogantes a partir de estos conceptos, y que resulta interesante abordar en
este dossier, son las potencialidades y límites de nociones como Antropoceno,
Nuevos materialismos y Posthumanismos. ¿El concepto de Antropoceno no repone de
alguna manera un dualismo hombre-naturaleza, aunque sea en sentido amplio?
En torno a los
nuevos materialismos ¿Cuáles son los alcances de adjudicarle agencia a las
entidades no-humanas? ¿Cómo se vinculan agencia e intencionalidad? ¿De qué
manera los nuevos materialismos se emparentan con las cosmovisiones o
“cosmoprácticas” andinas? y en este mismo sentido cabe la pregunta de si son
“nuevas” estas visiones de los materialismos.
¿Es posible
pensar nuevos humanismos o estamos efectivamente ante posiciones, etapas o
condiciones posthumanas? ¿Cómo se concibe el post en este sentido? ¿No se trata
de una crítica más bien al humanismo clásico concebido en la modernidad
occidental eurocentrada y como tal bajo un orden patriarcal, colonial y
racista? ¿Es posible pensar otras formas de concebir lo humano en armonía con
la naturaleza e incluso como parte de esta, como proponen muchas cosmovisiones
andinas? ¿Podemos entonces devenir en otros modos, pensando lo que hoy se
postula dentro de los campos de la complejidad y la interdisciplina que implica
una visión más abarcativa de lo humano y su entorno, no exclusivamente
dualista? Estas son algunas de las discusiones que consideramos es ineludible
abrir en los debates actuales de la Antropología Filosófica.

